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2 de noviembre de 2018, 4:00 AM
2 de noviembre de 2018, 4:00 AM

Si la denuncia del senador Óscar Ortiz con respecto a los jugosos sueldos recibidos por los ejecutivos del Banco Unión causó asombro, la respuesta del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (MEFP) debería causar algarabía. Y es que resulta paradójico que sean los mismos economistas del MEFP quienes tiren por la borda el discurso del presidente Evo Morales y, al mismo tiempo, reivindiquen a los denostados opinadores.

El argumento dado desde el MEFP fue que los jugosos sueldos “se encuentra(n) dentro de los parámetros salariales de los niveles gerenciales de las entidades financieras del país”. Además, justifican que estos empleados públicos ganen más que el presidente del Estado Plurinacional debido al alto grado de especialización y formación académica requerida para el cargo.

La explicación dada por el MEFP no merecería mayores comentarios, sino fuera porque deja en evidencia que el D.S. 28609 (promulgado en enero de 2006), que señala que ningún servidor público puede ganar más que el presidente, fue un total desacierto (las advertencias de los opinadores fueron desoídas), a tal punto que el decreto se ha ido flexibilizando, ya que el año 2010 se aprobó una tabla salarial para personal especializado de YPFB con niveles de remuneración mayores a lo establecido para el presidente.

Adicionalmente, el hecho de que el Banco Unión fije los sueldos de sus principales ejecutivos tomando como parámetros los sueldos de la banca privada es, en esencia, un reconocimiento tácito de la importancia del mercado; ya que es en el mercado laboral donde las empresas (en este caso, entidades financieras) pugnan entre sí por el escaso capital humano.

¿Podría el Banco Unión pagar un sueldo ‘revolucionario’ ignorando el mercado? Por supuesto, pero aquellos ejecutivos eficientes y con alta formación académica muy probablemente terminarían trabajando para la competencia. Si bien es cierto que un sueldo elevado no implica que el funcionario sea competente (sobre todo si es elegido a dedo), no es menos cierto que los funcionarios competentes difícilmente aceptarían un salario bajo.

La respuesta del MEFP demuestra que sería un error despreciar al mercado, y en este sentido el Banco Unión no puede ni debe quedar al margen. Personalmente celebro que el sueldo sea competitivo y no impuesto por decreto.

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