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Basta de postergar a Santa Cruz

Editorial El Deber 19/2/2020 03:00

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los cruceños les contaron que pertenecen a la ciudad más pujante del país, la que recibe más ingresos, la más moderna; les dijeron que viven en un departamento autónomo. Muchos discursos para ‘marear la perdiz’, como se dice coloquialmente. En los hechos, el avance es mínimo y los habitantes de esta tierra noble siguen sometidos al dominio de grupos de poder, su anhelo de autonomía ha sido postergado y prevalece el centralismo que profundizó el anterior Gobierno y que se mantiene sin cambios, pese a la evidencia de la postergación.

¡Cuánto más tiene que pasar con el dengue para que las autoridades nacionales vean que la dotación de ítems a Santa Cruz es algo imprescindible y urgente! Y, sin embargo, en los hospitales siguen las dolorosas colas de pacientes que no son atendidos por falta de personal. No se puede entender que hasta hoy no se haya posesionado al director departamental de educación, pese a que el nuevo ministro lleva casi un mes en el cargo. ¿Acaso no está aquí el universo más grande de estudiantes? Los alumnos cruceños también precisan maestros, pero la demanda de ítems no es atendida por el Gobierno nacional.

También es cuestionable que muchos trámites, que deberían ser resueltos en el departamento, aún tengan que llevar la firma de burócratas que trabajan en la sede de Gobierno, dilatando los procesos y perjudicando a quienes deben hacer largas filas y ocupar su valioso tiempo en ello. Lo saben los cruceños y se cansan de denunciarlo, porque la autonomía en los hechos está plasmada en un estatuto que fue cercenado con el fin de cumplir con los límites que impuso el anterior Gobierno y que siguen vigentes, aunque haya líderes cruceños que se jactan de haberla conseguido.

Santa Cruz tiene más de 3,3 millones de habitantes. Cada año aumenta la demanda de salud, educación y otros servicios, y se pretende que los gobiernos subnacionales los cubran con los ingresos que tienen. La propuesta de pacto fiscal, lanzada hace casi ocho años, también quedó en discursos y en reuniones distractivas. Los líderes cruceños debieron levantarse y protestar, pero en cambio lo permitieron.

Desde la postergación, los cruceños fueron testigos de cómo se despilfarró el dinero del país en artículos suntuosos como palacios, museos, aviones y aeropuertos que quedaron sin uso, pero también vieron que otros municipios ejecutaron planes para mejorar la vida de sus ciudadanos. En La Paz no solo hay un sistema de teleféricos, sino también buses municipales que ordenan el tráfico. En Cochabamba se trabaja para implantar un tren metropolitano. En cambio, en esta ciudad los transportistas someten a los vecinos a un caos. ¿Y dónde está la autoridad?

A escala departamental, a Santa Cruz le postergaron sus megaobras: la represa de Rositas, el hub de Viru Viru o el desarrollo del yacimiento de Mutún.

En contrapartida, aquí se genera un tercio del producto interno bruto nacional; más de tres de cada 10 bolivianos viven en esta región y desde aquí se genera un gran porcentaje de empleo, del que se benefician bolivianos de todo el país.

Lo mencionado muestra una parte de la postergación en que se mantiene a Santa Cruz y eso es intolerable. Los que viven en esta tierra deben ser conscientes de que a los discursos que adulan a los cruceños hay que acompañarlos de hechos concretos y contundentes.

Estamos en tiempo electoral y los cruceños constituyen un poder estratégico para dar el triunfo a cualquiera de los candidatos. Hay que hacer que ellos merezcan el respaldo de cada ciudadano y castigar con el poder del voto la postergación que ya es insostenible.