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22 de diciembre de 2018, 4:00 AM
22 de diciembre de 2018, 4:00 AM

No vale la pena seguir diluyendo el problema, esquivarlo y asumir que son casos aislados. El abuso y la muerte; la violación y la violencia doméstica no son casos aislados. Son muestras claras de una sociedad que está justificando constantemente el machismo, la misoginia y el patriarcado.

En Santa Cruz, una madre acaba de defender a su hijo acusado de violación. Normal en una madre, esperable, pero ¿ella le ha dicho a su hijo, lo ha educado en el valor y el respeto de la mujer como un ser humano igual?

Cada día vemos más y más abandonos de padres a sus hijos. Todavía resuenan en el oído las palabras de la broma misógina: “Embarazalas y escapá al cuartel”. Cada día aumentan los embarazos precoces y se siguen negando las virtudes de una educación sexual clara y explícita. Es hora de que se enteren los hombres que allá donde hay relación sexual, hay embarazo.

Cada segundo miramos con naturalidad a mujeres en las calles con sus guaguas a cuestas, cargando niños y niñas. Los bonos no llegan a ellas, no llegan a salvarlas de sus miserables existencias a manos de un desalmado que no solo abusa de ellas, les pega y las mata, las viola y luego las acusa de ser culpables. Culpables de existir. A la culpable no se le garantiza la mínima seguridad en las calles, en los bares, en los colegios, en el colectivo, en el taxi.

En las calles no puedes andar sola, a los taxis cómo se te ocurre subir sola, en los colectivos, es tu culpa por no tener horario durante el día; en los bares, no debes beber; en el colegio tu uniforme es muy corto o tu pecho es abultado.

En los barrios, donde la violencia contra la mujer es endémica, el día viernes de soltero es temido por las novias, madres, ya mayores, ya jóvenes. Llega el borracho y por macho borracho demanda satisfacción sexual o servicio alimentario ipso facto. El No, no sirve, un sopapo hace trabajar.

Encerradas en algún cuarto con sus guaguas trancan la puerta, el miedo supino cubre su rostro y el de sus hijas e hijos. No llega el respiro hasta que el macho abandone la casa o, a los gritos de auxilio, lleguen refuerzos de vecinos caritativos o que el macho se quede dormido.

Perdón estaba borracho. No sabía lo que hacía. Juro nunca más, por nuestras guaguas. Y la historia se repite tres viernes después. No más; No es No y lo que se requiere es educar dentro de los nuevos marcos de educación, de igualdad de género y de respeto mutuo.

La misoginia no es un invento. La misoginia se la enseña de muchas maneras, supuestamente inocentes: verlas débiles hasta darles roles exclusivos. Desde permitir la prostitución hasta permitir la pornografía, ahora con solo apretar de un botón.

El que va de putas y se olvida los símbolos patrios, y es castigado por negligencia, no por utilizar mujeres como objetos. El lenguaje militar denigra constantemente a la mujer: pareces una dama, mujercita, cuida tu fusil como a tu chola.

Esa misoginia es parte del patriarcado, parte esencial del macho. Una cita de una autora británica, Julie Bindel dice: “La pornografía y la cultura de odio a la mujer que esta promueve, juega un papel importante. Muchos casos donde se reporta el asesinato de mujeres, el macho asesino era un adicto al porno, algunos incluso utilizaron como defensa que la víctima murió a consecuencia de sexo duro (Guardian, martes 18/12/18)”.

Esto es solo la punta del iceberg. La responsabilidad social es de todos, solo de nosotros los hombres el reconocer que es nuestra culpa el abuso, que el ir de putas no es de hombre sino de un abusador que a título de ¡yo pago! elimina su culpa moral. El machismo, la misoginia y el patriarcado solo pueden ser erradicados si se hace consciencia de que la otra es igual.

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