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4 de octubre de 2018, 4:00 AM
4 de octubre de 2018, 4:00 AM

El ciclo de Evo Morales y del MAS ya había terminado antes del fallo de La Haya. El uso político del tema marítimo no hizo más que sellar su destino, de manera irreversible. Ese agotamiento tuvo que ver con el desgaste de la imagen del presidente que, tras una década de asombrosa invulnerabilidad, comenzó a verse afectada por temas de corrupción, malgasto de recursos, ineficiencia, prepotencia e incapacidad de rodearse de gente competente.

Pese al importante reconocimiento de los logros de su gestión, la saturación de los rasgos esenciales del liderazgo de Morales, acabó cobrándole factura. La gota que rebalsó el vaso fue el desconocimiento de los resultados del referéndum del 21-F y la conciencia ciudadana acerca de las amenazas al sistema democrático.

El gobierno sabía que esa era su situación y apostó todo al rédito político que podía sacarle al fallo de La Haya, asumiendo esa como última vía para revertir las tendencias, e intentar la ilegal reelección de Morales. El intento del uso irresponsable y demagógico de la demanda marítima con fines electorales es el principal pecado que le tocará pagar a Morales y eso va más allá del resultado del fallo.

Perdimos como en la guerra y esa es una derrota que duele e indigna hasta al último de los bolivianos; el paso del tiempo nos dirá con mayor claridad cuales fueron las causas de la derrota jurídica y los factores que impidieron cerrar adecuadamente los argumentos jurídicos que parecían tan sólidos.

Perdimos en lo jurídico y el costo caerá sobre todos los que participaron en el proceso, de acuerdo a sus pesos y responsabilidades. El tamaño de ese costo se verá cuando se dimensione la magnitud del daño a la causa marítima y a la política exterior boliviana en general. La tormenta tras el fallo no hará concesiones y mojará a muchos, sino a todos. Yo mismo, desde esta columna, fui un entusiasta defensor de la demanda y del mérito del presidente de haber tomado la iniciativa.

Pero así como le reconozco el mérito, le reprocho al presidente el intento de manipulación electoral de la demanda. No es posible que, después de una apuesta y un resultado tan adverso, intente mentirle al país pretendiendo hacernos creer que nada ha pasado y que la culpa es de otros. Los indignos manotazos de ahogado que está dando Morales al no reconocer el fallo, le harán más daño al país en el caso del Silala y en la pérdida de credibilidad internacional.

Lo que está haciendo Evo Morales y su gobierno, es reconfirmarnos que su verdadero interés no era la causa marítima, sino su forzada reelección y que está dispuesto incluso a utilizar su derrota para mantenerse en el poder.

Intentar beneficiarse de una eventual victoria en La Haya ya era reprochable, pero pretender seguir usando ahora una derrota para victimizarse y manipular a la gente, es algo que los bolivianos no permitiremos.

 

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