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10 de septiembre de 2019, 4:00 AM
10 de septiembre de 2019, 4:00 AM

De modo categórico podemos afirmar que nuestro planeta es un basural. Los datos son abrumadores y alarmantes. Las herramientas de medición estiman que la generación anual de residuos se eleva a unos 1.900 millones de toneladas.

De los residuos sólidos, un 70% se lleva a vertederos. Lo peor es que al navegar por el atlas se descubre que no queda paraíso en la Tierra que ya no sea un depósito de desperdicios.

Las otrora vetas artísticas y fuentes de inspiración ya no existen. Al punto que los pintores prefieren retratar las embravecidas olas del mar que chocan contra los arrecifes y a las pintorescas piraguas, antes que a las inmundicias desparramadas en las playas.

El gran basural es el mar. Sobre él, más precisamente en el océano Pacífico, flota a la deriva una isla de plástico junto a residuos de comidas, papeles, trapos viejos y trozos de cosas rotas. Su tamaño es descomunal: dos veces el territorio de EEUU. La mancha –que surge a 800 km de la costa californiana, se acerca a Hawai y se extiende hasta Japón- es un grave problema para la fauna marina que la ingiere, al confundirla con alimento.

Según la ONU, la contaminación del océano causa la muerte de millares de especies de aves cada año y de 100.000 millones de mamíferos acuáticos.

Los riesgos que representan los residuos electrónicos y eléctricos son un ejemplo. Solo los teléfonos móviles, cuando no se reciclan adecuadamente, exponen a los más pequeños a toxinas que afectan sus aptitudes cognitivas y causan déficits de atención, lesiones pulmonares y hasta cáncer. Este panorama apocalíptico es común a los cinco continentes.

El biólogo y veterinario tarijeño Juan Renjifo Llanos, ha insistido en sus estudios sobre la materia, en la necesidad de forjar una conciencia universal que respete la pureza de los tres reinos de la naturaleza.

“Hasta ahora, hemos contaminado e infectado la biodiversidad convirtiéndola en estercoleros y albañales nauseabundos. Si no se adoptan medidas urgentes y oportunas para frenar estos desvaríos, nada nos librará de la hecatombe ecológica”.

La pregunta que queda frente a cada tacho de basura es si es sostenible un modelo de crecimiento basado en la producción de desechos sin destino. Bolivia figura entre los 11 peores ejemplos de manejo de residuos a nivel mundial.

Hasta ahora, han fallado estruendosamente las tres reglas de oro vigentes para combatir este flagelo creado por el hombre: reducir, reutilizar y reciclar la basura. Estamos perdiendo el sentido ético y estético de la vida.

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