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1 de abril de 2017, 4:00 AM
1 de abril de 2017, 4:00 AM

El último reporte del Banco Central de Bolivia (BCB) indica que los envíos de dinero de los bolivianos que trabajan en el exterior (remesas familiares) sobrepasaron ligeramente, en 2016, los $us 1.200 millones, una cifra nada despreciable si se tiene en cuenta, por ejemplo, que la inversión extranjera directa neta en 2015 fue de apenas $us 503 millones. 

Existen distintos estudios sobre el uso de las remesas y su aporte al desarrollo, pero por ahora basta con señalar que las familias pueden consumir o ahorrar las remesas recibidas. En el primer caso sería un sustituto del ingreso y, por lo general, su destino sería el consumo de bienes básicos de subsistencia, mientras que en el segundo caso sería un complemento del ingreso para suavizar posibles sobresaltos. Sin embargo, su uso final dependerá en gran medida del nivel socioeconómico de la familia receptora. 

Desde una perspectiva macroeconómica, y dada la actual coyuntura, las remesas vienen como caídas del cielo. ¿El motivo? Resulta que en los últimos años hemos experimentado una notoria pérdida de reservas internacionales (RIN) debido, entre otras cosas, a la disminución del precio del gas que vendemos a Brasil y a Argentina. Para ponerlo de forma simple, si las exportaciones y los flujos de capital no proveen de la suficiente cantidad de moneda extranjera (divisas) que necesita el país para realizar sus transacciones con el resto del mundo, entonces el BCB deberá proveerlas, haciendo uso de sus reservas. Dicho esto, es bueno notar que en los últimos dos años hemos perdido aproximadamente $us 5.000 millones de RIN, lo cual equivale a casi un 30% de las mismas. Por tanto, las remesas son un ingreso de divisas que, dadas las actuales circunstancias, constituyen un bálsamo que mitigan ligeramente la caída en las RIN.

Finalmente, es bueno recordar que las remesas están obviamente relacionadas con el proceso migratorio, lo cual, a su vez, genera problemas de largo plazo, como la descomposición familiar y la pérdida de mano de obra. Sin embargo, a pesar de estos problemas, no cabe duda de que, hoy por hoy, las remesas son una bendición 

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