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En agosto de 2011, un estudio de la Universidad de Hawái publicado en la revista “PLOS Biology” determinó que en el planeta existen unos 8,7 millones de especies de seres vivos, entre plantas y animales, pero se ha logrado identificar solo 1,3 millones. El 86 por ciento de las especies terrestres y el 91 % de las marinas aún no se han descubierto.

Los biólogos que participaron en el estudio admitieron que es posible que especies enteras desaparezcan sin que jamás se las llegue a conocer pero aclaran que esos fenómenos ocurren por eventos generalmente catastróficos, ajenos al orden natural de las cosas. También señalaron que no se ha logrado identificar una especie capaz de destruir su propio hábitat.

Sin embargo, la visión de los científicos no tomó en cuenta a la especie más peligrosa del planeta, el ser humano.

El hombre es el único animal sobre la tierra que no solo mata por hambre sino por diferentes motivaciones, la mayoría de ellas egoístas. Se caracteriza por la búsqueda del poder y las posesiones y entre las más valiosas para él está la tierra. La mayoría de las guerras se libraron por estas causas.

Desde que domesticó la tierra, el ser humano aprendió a conseguir tierra quemando plantas. Cuando un bosque o una selva se aparecía ante él, su método para hacerla desaparecer, dejando libre la tierra, era el fuego. Así nació la acción criminal que actualmente se conoce con el eufemismo de “ampliar la frontera agrícola”.

En 2019, con el siglo XXI bien avanzado, la humanidad ya debió haber encontrado un método para “ampliar la frontera agrícola” sin recurrir al fuego. Hoy en día podemos comunicarnos con cualquier parte del mundo, con imagen incluida, mediante un aparatito que cabe en nuestras manos pero no sabemos obtener más tierras sin quemar bosques y selvas. Vergonzoso.

El estudio de 2011 determinó que la mayoría de las especies terrestres sin identificar viven en las selvas y bosques que, por ello, son fuente de vida y los pulmones del planeta. Sin embargo, a los políticos, sea de izquierda o derecha, les importa un carajo porque tanto el de la Amazonia como el de la Chiquitania no solo viabilizaron los incendios que ahora nos agobian sino que aun ahora justifican a los causantes.

Entre todos los animales salvajes del planeta, tanto en depredadores como en aquellos que llevan veneno en sus cuerpos, no se ha encontrado ninguno capaz de quemar su hábitat, su casa, como los que propiciaron y provocaron los incendios que están consumiendo hectáreas de plantas y desapareciendo especies. Por ello, se confirma que la mayor bestia es el hombre.

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