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Bitácora de la reconstrucción económica

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La historia económica nos muestra que toda reconstrucción económica es una labor ardua y progresiva, lenta y no exenta de dificultades, y además convoca a las mejores políticas para la acción colectiva, pero, también, a la solidaridad entre los pueblos, naciones y Estados. Por ejemplo, el largo proceso de reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial no hubiese sido posible sin el Plan Marshall que consistió en el apoyo financiero de los EEUU para la política de reconstrucción industrial de Europa; en el marco de la Guerra Fría.

La pandemia de covid-9 no es un fenómeno que implique una destrucción de capital o estructura productiva semejante a una guerra, sin embargo, sus efectos negativos en las economías no son de menor importancia. Además, la política económica también juega un rol determinante en la prolongación y magnitud de la reconstrucción económica. De hecho, ante la actual crisis existe un consenso relativo en el mundo de apostar por políticas económicas expansivas e incluso instituciones conservadoras como el Fondo Monetario Internacional recientemente recomendaron aplicar políticas no ortodoxas como impuestos a los ricos y gastos fiscales con reglas más laxas.

En Bolivia, lo que hoy es novedad para el mundo, se ha ido desarrollando e innovando desde principios de siglo. En efecto, el modelo económico boliviano ha sido el marco de una política económica heterodoxa que ha tenido como resultado un crecimiento económico sostenido por más de una década y, lo novedoso, acompañado de una sorprendente reducción de la pobreza y la desigualdad. Desafortunadamente, la economía boliviana sufrió dos shocks negativos de gravedad desde 2019: 1) la ruptura constitucional con el golpe de Estado que intentó destruir el modelo económico boliviano y 2) la pandemia de covid-9 vergonzosamente gestionada por el gobierno de facto.

Con la recuperación de la democracia en octubre de 2020, Bolivia emprendió la ardua tarea de reconstruir su economía. De hecho, aún antes de que el FMI y otras instituciones internacionales despertaran de su resaca conservadora, Bolivia ya había implementado el impuesto a las grandes fortunas y el reintegro del Impuesto al Valor Agregado con el objetivo de un sistema tributario progresivo y solidario. Además, se otorgó el bono contra el hambre como una transferencia directa encaminada a apoyar a las familias más afectadas por la pandemia. A su vez, se reactivó la demanda interna como motor del crecimiento económico mediante la inversión pública.

Por el lado de la oferta, la reconstrucción económica reactivó proyectos de inversión en los sectores estratégicos, se otorgó periodos de gracia y refinanciamientos para los productores, y se impulsó los créditos productivos y de vivienda social en el sistema financiero. Sin embargo, la reconstrucción económica no solo implica la reactivación del modelo económico, sino el cambio estructural mediante la industrialización por sustitución de importaciones (ISI). En ese sentido, por primera vez en la historia contemporánea, Bolivia emitió el fideicomiso para la ISI con tasas de interés del 0,5% anual hasta 10 años plazo.

Con estas políticas económicas, en el primer semestre de su implementación, la economía boliviana ya presenta los primeros signos alentadores de la reconstrucción económica. A abril de 2021 el Índice Global de la Actividad Económica muestra un crecimiento del 5,3% promovido fundamentalmente por la inversión pública en el sector construcción que creció un 17,9% y el sector hidrocarburos que creció en 10%.

La certidumbre macroeconómica del retorno a la democracia y las políticas económicas llevadas adelante, también han promovido la expansión del sector privado: minería (34,2%), industria manufacturera (9,6%), comercio (8,4%), etc. Además, estas políticas macroeconómicas han logrado la disminución de la tasa de desempleo de 9,7% en enero 2021 a 7,6% en abril de 2021.

No solo eso, con las políticas de reconstrucción el saldo comercial de Bolivia muestra un cambio de tendencia hacia la generación de superávits comerciales que a abril de 2021 ya han acumulado 453 millones de dólares.

Por tanto, este entorno macroeconómico nos muestra que Bolivia está dando los pasos adecuados con la tenacidad necesaria para la superación de la crisis, la reconstrucción económica y el cambio estructural encaminados al reencuentro del crecimiento económico sostenible.

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