25 de enero de 2021, 7:29 AM
25 de enero de 2021, 7:29 AM

Tres retos son los que el Gobierno nacional se impone en las próximas semanas. Desafíos nada fáciles de afrontar y de llevar a cabo. La apuesta es ineludible y pone a prueba al sistema organizativo, la capacidad técnica, estratégica y política del actual gabinete presidido por Luis Arce Catacora. 

El primer desafío es afrontar la pandemia de coronavirus en un escenario complicado y riesgoso. El rebrote está en ascenso y la sociedad relajada por varios motivos. El segundo obstáculo es el plan de vacunación de poco más de 11 millones de dosis para la población mayor de 18 años, que deberá emprender mediante una logística impecable en cuanto a rapidez y eficiencia en organizar y aplicar las vacunas anticovid en poco tiempo. 

Un tercer escollo y más próximo es el inicio del ciclo lectivo. Más de tres millones de estudiantes iniciarán en 7 días una etapa muy particular. En este caso, como anunció el ministro de cartera, se abocará a resolverlo mediante tres sistemas o modalidades: a distancia, presencial y semipresencial. Ante una situación tan atípica y tomando en cuenta que el año escolar anterior fue traumático por la pandemia recurrió a jugársela, pero dependerá de los recaudos necesarios para que maestros, escolares y personal administrativo no se ahoguen en una nueva ola de contagios.

Las clases y las vacunas podrían ir de la mano, sería sensato, lógico y prudente. Sin embargo, el apuro, las presiones o simplemente las decisiones políticas, hacen que, en pleno rebrote estén distanciadas. 

Los nuevos casos en niños e incluso bebés han comenzado a multiplicarse en varias regiones del país. Esta situación no deja de poner en alerta, y a buen recaudo, a los menores de edad que antes por alguna razón no eran afectados por el coronavirus. Las nuevas cepas y la mutación del Covid-19 ha comenzado a atacar a quienes antes pasaban casi desapercibidos.

Abrir las aulas es un acto de alto riesgo, porque el control del distanciamiento social, dentro de un centro educativo es difícil de llevar a cabo.
Si bien existen varias modalidades de enseñanza y que varían en las ciudades, en el campo y en zonas de menor riesgo, no todas las clases serán de tipo presencial. Sin embargo, ya se han visto desde las inscripciones, filas, aglomeraciones, horarios extensivos, esperas y una atención con riesgos de contagios. 

A esto se suma la demanda de útiles y material escolar que provoca el aglutinamiento en mercados, librerías, puestos ambulantes, etc. La actividad escolar, también implica el traslado de alumnos y el transporte de todo el sector, que seguramente ha sido analizado y aprobado para blindar cualquier posibilidad de propagación y contagio del virus.

En Argentina, por ejemplo, se ha esperado recibir el primer millón de vacunas para inocular al personal de educación para dar comienzo al ciclo lectivo en marzo. En México, el gobierno de López Obrador inició el sábado la vacunación contra el covid-19 con más de 20.000 maestros y trabajadores del sector educativo en el estado de Campeche, preparando un eventual regreso a las clases presenciales.

Los tres desafíos mencionados se concatenan y ninguno funciona sin el otro. Si fracasa uno, el otro correrá la misma suerte. Por otra parte, cada uno deberá aceitar muy bien sus mecanismos para que ninguna pieza quede rezagada ni destemplada en el camino. La ciudadanía también estará a prueba para tremendos desafíos que son tres, que es uno y que implica a todos.