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Han transcurrido 12 años del ciclo político que vivimos, y un tanto menos de la implementación del modelo social económico productivo y comunitario vigente. Fueron años con extraordinarias oportunidades en lo económico; parte de ellas aprovechadas y muchas otras no. El auge de recursos dejó varios retos importantes rezagados, como la diversificación económica, el impulso a las exportaciones y la industrialización, que va mucho más allá de la visión ligada a los recursos naturales. Estos años se creció con el impulso al consumo interno y un caudal transitorio de rentas, como las del gas. Se dejó de lado la promoción a la inversión privada y la visión de mercados globales, particularmente para productos no tradicionales. Pocos dudan que el modelo funcionó con relativa eficiencia, hasta que los ingresos por los precios de las materias primas empezó a descender.

Recientemente la economía se desaceleró y comenzaron a aparecer señales de desbalances macroeconómicos clave como el déficit fiscal y comercial. La inversión privada comenzó a bajar y varios sectores importantes reflejan escenarios complejos, como la minería y los hidrocarburos. El crecimiento se sostiene en el uso de colchones y márgenes de endeudamiento que, por definición, son finitos. Esto lleva a preguntarse si con este esquema podremos mantener una dinámica económica suficiente en el mediano y largo plazo. En materia de institucionalidad existen grandes interrogantes, en temas transversales como la crisis del sistema judicial y la fortaleza de la democracia, pero también en otros cotidianos como la seguridad jurídica para hacer inversiones, la informalidad, el contrabando y la creciente complejidad de la burocracia.

Varios indicadores apuntan a una transición de ciclo y contexto, lo que demandaría adaptación y ajustes en varios frentes de la vida nacional. La economía funciona, pero la pregunta es si tal como está puede llevarnos a distancias largas sin sobresaltos. El tipo de cambio, la innovación y apropiación tecnológica, el comercio exterior y los acuerdos para abrir mercados, el tema de puertos y las tendencias globales en el empleo son todos aspectos que eventualmente exigirán respuestas y posiciones de la sociedad. El rentismo como una realidad, frente a la iniciativa privada como objetivo, la polarización frente al fortalecimiento de la unidad, el capital humano, la cohesión social, la concepción de riqueza, la institucionalidad, junto a otros valores, deben ser también materia de reflexión. 

El sector privado productivo, como muchos otros actores políticos y sociales, debe evolucionar en este nuevo contexto. Todos debemos refrescar nuestra mirada y repensar nuestro rol y objetivos. El ritmo de cambio global es acelerado y marca nuevas tendencias en la producción, el uso del conocimiento, el comercio, la integración y la competencia. Las políticas públicas deben acompañar estos procesos en un marco de colaboración y complementariedad. Debemos ajustar la educación y la capacitación, de modo que cada boliviano tenga oportunidades a lo largo de toda su vida. 

Debemos lograr mayor incursión en la economía global, abrir mercados, atraer capital, conocimiento, mejorar los ingresos para el Estado y profundizar la equidad social. Necesitamos formar emprendedores y líderes empresariales, con una nueva visión integral y holística del desarrollo y la generación de riqueza, lo que pasa por acciones de corto plazo, pero también por la formación de nuestros niños, que deben crecer con el objetivo de crear valor con responsabilidad social.

Es tiempo de reflexionar y construir una visión país propia para los siguientes 20 años; una visión que mantenga lo bueno del modelo, pero que asuma la necesidad de realizar los ajustes, que generen un entorno propicio para el desarrollo armónico del aparato productivo y de la sociedad en su conjunto.

Desde el Congreso Empresarial estamos iniciando un proceso de esta naturaleza con el objetivo de compartirlo y aportar a un debate más amplio a escala nacional. Nuestra fortaleza de análisis está en la producción, el comercio, la inversión y la generación de empleo digno.  Sin embargo, tenemos claridad que existe interdependencia entre lo económico, social y político, lo que nos convoca a explorar con mirada amplia esos tres grandes componentes de la realidad. 

Es por ello que abriremos espacios para escuchar no solo lo que es afín a nuestro pensamiento, sino también lo que puede parecer no serlo. Estamos dispuestos a entender posiciones y explicar las nuestras, buscar puntos de encuentro y trabajar por objetivos que nos unan como sociedad.

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