Opinión

Bolivia en las memorias de un diplomático español

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17 de marzo de 2017, 9:53 AM
17 de marzo de 2017, 9:53 AM

El diplomático español Inocencio F. Arias Llamas (Albox, Almería, 20.04.1940) ha publicado un libro de memorias titulado Yo siempre creí que los diplomáticos eran unos mamones (Barcelona, Editorial Planeta, 2016; 547 págs.).

En él, le dedica 33 páginas a Bolivia. ‘Chencho’ quiere a Bolivia por tres motivos: porque en La Paz inició su carrera diplomática, vivió su luna de miel y trabó amistades que, a pesar del tiempo y la distancia, no le olvidan. Lleva publicados siete libros: dos sobre fútbol (Los tres mitos del Real Madrid /2002 y Mis mundiales /2014), cuatro sobre aspectos anecdóticos de su experiencia profesional (La diplomacia /1994; Las confesiones de un diplomático /2006; La trastienda de la diplomacia /2010, en colaboración con la periodista Eva Celada; Los presidentes y la diplomacia / 2012) y este de memorias, que ya va por la cuarta edición. 

‘Chencho’ tiene tres aficiones y una pasión: el fútbol (fue directivo del Real Madrid), el cine (actuó en seis películas españolas y fundó el Festival de Cine Hispanoamericano de Huelva) y el periodismo (escribe en periódicos impresos y digitales). Su gran pasión es, por supuesto, la Diplomacia, con mayúscula. Así se explica que sus libros principales se refieran a su vida profesional. ¿De qué otro tema puede escribir con conocimiento de causa –‘auctoritas’– un embajador que, durante 40 años, estuvo allí donde su país lo requería? Prudente, discreto, sobrio y al mismo tiempo sencillo, campechano, dotado de un fino sentido del humor (Groucho Marx, Jardiel Poncela, Miguel Mihura). Nunca dejó de usar la colorida y anacrónica pajarita (corbata de lazo) que lo distingue e identifica hasta hoy.

A su vivencia boliviana le dedica el capítulo IV, bajo el epígrafe de El mítico Che mete la pata. Bolivia y su reivindicación marítima ocupa un lugar especial en sus memorias. En nuestro país inició su carrera profesional como secretario de la embajada de España (1969-1971), recién casado con Ludmila Winogradow, a la que conoció en España y con quien se casó en Connecticut (EEUU), residencia de sus suegros, exiliados rusos. En Bolivia fue testigo privilegiado de las secuelas de la guerrilla de Ñacahuasu o Ñancahuazú. Al Che le dedica páginas reveladoras y juicios críticos que el tiempo ha refrendado. La muerte accidental de Barrientos, las presidencias turbulentas y fugaces de Luis Adolfo Siles Salinas, Ovando y Torres, la guerrilla de Teoponte y el golpe cívico-militar del general Banzer… A finales de 1971, fue trasladado a la Argelia de Bumedián y nada les digo de su misión en Portugal, durante la Revolución de los Claveles, y su labor en el Consejo de Seguridad de la ONU y… Un libro interesante y divertido que vale la pena leer y conservar. // Madrid, 17.03.2017 

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