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20 de agosto de 2017, 4:00 AM
20 de agosto de 2017, 4:00 AM

Mi esposa me hizo cambiar el título original de este artículo “Necesitamos un Presidente con huevos” para evitar la vulgaridad. Yo prefiero llamar las cosas por su nombre. Igual le hice caso. Ahora nos acercamos a un nuevo proceso electoral y dado que SE Evo Morales no puede presentarse a una nueva elección, tomando en cuenta su histórica magnanimidad y respeto por la Constitución y las reglas de juego, debemos comenzar a exigir las cualidades y características que necesitamos del futuro nuevo gobernante.

Es una tarea en la que todos los ciudadanos debemos participar en forma personal, íntima y cuidadosa. Debemos analizar cómo andamos en el país, cómo están nuestros vecinos y cómo nos gustaría desarrollarnos. El presidente de Bolivia debe cumplir muchos requisitos. El objetivo de este documento es solo de describir algunos de ellos:

Que deje de gobernar guiado por rencores y resentimientos y sea el líder de 11 millones de bolivianos y no de un grupo que no representa el 100% del pueblo, etnias y habitantes de este país,  no importando su origen. Un presidente que no crea tener el derecho ni la capacidad de determinar quiénes somos los bolivianos de corazón. Puede ser más amigo de algunos bolivianos, y muy bien que sean los pobres, parafraseando a un extinto presidente de este país. Pero no debe ser enemigo del resto.

Que deje de ser alcalde del país y pierda tiempo en inauguraciones de canchas de fútbol y coliseos. Bolivia demanda de trabajo y esfuerzo serio y no chabacano en estos momentos. 

Que entienda que la discusión entre derecha e izquierda ha terminado hace décadas. Que necesitamos políticas adecuadas de desarrollo económico que permitan elevar el estándar de vida de la población y que se implementen políticas de redistribución del ingreso que cuide a los pobladores de más bajos ingresos.

Que tenga claro que las políticas de productividad y competitividad deben ser políticas de Estado y deben ser mantenidas por todos los presidentes de este país en el largo plazo. Mientras todos los países vecinos avanzan a pasos agigantados, Bolivia sigue estancada, con una dependencia en explotación de recursos naturales.

Que tome la batuta para hacer de Bolivia un país fácil de hacer negocios, que dé la bienvenida a las inversiones nacionales y extranjeras y permita que la actividad privada se desarrolle sin intromisión de instituciones del Estado, salvo las que corresponden a los temas regulatorios, impositivos y de seguridad social.

Que lidere un acuerdo en que se establezca una política de Estado relacionada a la educación, a la salud e infraestructura. Todas las fuerzas y partidos políticos de Bolivia deben participar de esta gesta. Además, que entienda que es mucho más rentable para el país invertir en infraestructura caminera, en hospitales y en colegios que en aviones lujosos, en satélites chinos y en edificios de mal gusto e innecesarios. 

Que tome la bandera de una reforma judicial, con jueces, fiscales y otras autoridades del Órgano Judicial elegidas en base a méritos. Que usando la tecnología se abran los trámites judiciales y los juicios, de tal manera de ampliar la transparencia y se cumplan los plazos de la administración de la justicia. Y que nunca más en el país podamos transitar el camino de la tiranía con el uso de  la justicia con fines de persecución política. Este periodo negro en el que nos insertó el Gobierno actual ha sido nefasto y ha marcado un hito deplorable en la historia democrática reciente. 

Que en materia impositiva tenga la valentía para ampliar el universo de contribuyentes, eliminando los regímenes simplificados y los impuestos a los productos alimenticios más propensos al contrabando.

Que tenga la valentía de aceptar que el exceso de producción de coca que no está dirigida para el consumo humano se usa para la producción de cocaína y otras sustancias ilícitas. Y que este exceso de plantaciones de coca (especialmente en Chapare) debe ser reducido y luego eliminado. Actuar con cinismo manteniendo la idea/filosofía que la cocaína es solo consumida por burgueses, ricos y norteamericanos es una cobardía que no debe aceptarse en el futuro presidente de Bolivia. El desarrollo económico del país debe basarse en actividades lícitas, éticas y congruentes con los principios y valores de nuestra sociedad.

Que la lucha contra la corrupción no sea el discurso fácil de la campaña en tiempos de elecciones. Se debe presentar un plan práctico para eliminar los favoritismos en las invitaciones directas sin licitación del Gobierno actual, que sean públicos los precios y condiciones de bienes y servicios que adquieran los diferentes agentes estatales, que se contraten expertos notables para implementar un plan de recuperación de la institucionalidad en el país. 

Esta búsqueda es un proceso importante y de mediano plazo. Los ciudadanos deben implementarla con fervor y con el amor que merece nuestra patria. Cuiden su voto y aliméntenlo de buena información y de buen criterio. Hasta 2019 hay que encontrar al futuro presidente que tenga la capacidad de cumplir con la mayoría de estos preceptos. 

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