26 de junio de 2022, 4:00 AM
26 de junio de 2022, 4:00 AM

El asesinato de tres policías en el municipio de Porongo debe marcar un punto de inflexión en la sociedad, un alto a la tolerancia al narcotráfico y a todo tipo de mafia organizada. No fue un crimen cualquiera, sino dos uniformados y un civil que fueron ejecutados de manera salvaje por personas que tenían armas largas y de grueso calibre. En diversos espacios ciudadanos se comprende que los mafiosos conviven en todos los espacios sociales, tanto o más que cuando asesinaron a don Noel Kempff Mercado y sus colaboradores en la serranía de Huanchaca. ¿A dónde hemos llegado por la impunidad de criminales que actúan a sus anchas y matan sin piedad?

El crimen ocurrió el martes y hasta el momento no se ha explicado por qué pasó; por qué asesinaron a tres policías. Los informes de la Policía y del Ministerio Público no logran esclarecer las infinitas dudas que tiene la población. El principal sospechoso es yerno de un narcotraficante extraditado a Brasil, pero no se lo investiga por vínculos con el narcotráfico, sino por asesinato y enriquecimiento ilícito, tal como ocurre con el ex jefe antidrogas Maximiliano Dávila, a quien se lo busca internacionalmente por delitos vinculados a tráfico de estupefacientes, pero en Bolivia no.

En las indagaciones, el responsable nacional de la Policía ha insistido en marcar una clara diferencia entre el Comando General y la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico. ¿Por qué? Y los efectivos de esta unidad antidrogas no se han manifestado sobre tan nefasto hecho. Por su parte, el ministro de Gobierno ha mantenido distancia del caso y, salvo algunos tuits, no se ha dejado ver como responsable de las pesquisas ni se ha presentado en Santa Cruz para mostrarse cerca del hecho, a diferencia de otras ocasiones en las que, por mucho menos, se trasladó y presentó personalmente a presuntos responsables de otros delitos menos graves.

En un primer momento, el comandante general de la Policía dijo que Misael Nallar fue capturado y no aclaró por varios días que, en realidad, se había entregado, argumento que fue sustentado por el policía que lo escoltó hasta la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen. Fue el chat de uno de los policías asesinados y su esposa el que permitió saber que los uniformados fueron atacados en dos momentos y finalmente ejecutados. ¿Por qué tanta contradicción en el avance de las investigaciones?

Esas idas y venidas en las argumentaciones no hacen más que sembrar mayores dudas en la población. A ello se suma el silencio del presidente, Luis Arce, quien solo expresó sus condolencias mediante Twitter, pero que ha callado públicamente sobre un caso tan inquietante para la ciudadanía. Hay que recordarle que es mandatario de todos los bolivianos y en todos los momentos, tanto en los de buenas noticias como en el de hechos tan nefastos e inquietantes. Callar deja incertidumbre, cuando más certezas se necesitan.

Es tan grave el asunto que varios expertos, entre exministros, ex jefes policiales y conocedores de seguridad ciudadana, consideran que el crimen organizado le perdió el respeto a la Policía y hay quienes se atreven a decir que la está arrinconando.

El Comité pro Santa Cruz convocó a una marcha contra el narcotráfico para este martes. Y la movilización debería ser masiva porque ahora es el grito ciudadano el único que puede exigir que haya verdaderamente un punto de inflexión. El Estado no puede seguir tolerando que el crimen organizado haga de las suyas en el territorio nacional. Al mismo tiempo, es urgente una toma de conciencia social, a fin de que se deje de aceptar socialmente a quienes le están haciendo tanto daño a Santa Cruz y a Bolivia.

Si no hay un alto en este momento, Bolivia va camino a vivir la horrenda experiencia de México o de Colombia en sus peores momentos.

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