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4 de diciembre de 2018, 4:00 AM
4 de diciembre de 2018, 4:00 AM

Durante su última visita a Rusia, el presidente conversó con su par ruso sobre muchos temas, entre ellos, la colaboración con el programa espacial boliviano, que nació en 2010 y se materializó en diciembre de 2013 con el lanzamiento del satélite Túpac Katari, con el cual Bolivia ingresó a un selecto grupo de países con ‘presencia espacial’. Mientras tanto, Bolivia permanece aquejado por problemas más terrenales, ya que luego de 13 años de políticas económicas estatistas, populistas y redistributivas, estamos lejos de ser la Suiza de la región, como tan livianamente se prometió.

Quienes destacan el ‘alto’ crecimiento económico del país, olvidan convenientemente mencionar que la tasa de crecimiento del PIB durante los últimos 12 años fue de tan solo un 4,92% promedio; es decir, apenas un 1,40% más que el 3,52% promedio de los 12 años previos. Resulta poco tomando en cuenta que el país se benefició de una extraordinaria bonanza, efecto del alto precio de las exportaciones de gas. Además, este crecimiento es totalmente insuficiente, si se considera que se necesitaría crecer 30 años a tasas promedio del 7% para alcanzar el ingreso que tienen hoy países como España. Asimismo, algunos se jactan de que el PIB per cápita nominal pasó de $us 1.233 en 2006 a $us 3.393 en 2017. Sin embargo, si analizamos la evolución temporal de este indicador en relación con sus pares vemos que, en términos reales, luego de considerar la inflación acumulada y variación del tipo de cambio, el incremento del PIB per cápita ha sido del 26,39%; menos del 30% de incremento real en más de una década. Si se compara ese indicador con el de los países vecinos, sigue siendo el más bajo de Sudamérica, menos incluso que Paraguay, que tiene $us 4.365.

Respecto de las Reservas Internacionales Netas, más allá de su innegable incremento inicial, producto del aumento de los precios internacionales y los contratos de exportación de gas heredados de gestiones anteriores, estas ya llevan cuatro años seguidos de descenso, situándose al 31 de octubre de este año en $us 8.480 millones, lejos de los $us 15.500 millones de 2014. Lo anterior se explica porque este será el cuarto año consecutivo con déficit comercial, producto de la notoria reducción de nuestras exportaciones, que bajaron de $us 12.856 millones en 2014 a $us 7.846 millones en 2017, no solo debido a la caída de los precios internacionales, sino también a un tipo de cambio artificialmente bajo y barreras burocráticas a las exportaciones.

Si a eso sumamos que 2018 será el quinto año consecutivo con déficit fiscal y que la deuda externa a junio de 2018 alcanzó los $us 9.713 millones (la más alta de nuestra historia), la situación económica del país no es tan alentadora como algunos pregonan. Peor aún, cuando las expectativas para el gas, nuestro principal producto de exportación, no son de las mejores.

Por lo visto, después de tantos años, la única similitud con Suiza que conservamos es la mediterraneidad, sellada definitivamente en La Haya. Respecto de nuestro programa espacial, aunque este recién empieza, pareciera llevarle años luz de ventaja al de potencias como EEUU o Rusia, ya que a diferencia de los rusos que pusieron a la perra Laika en el espacio o los norteamericanos que enviaron con éxito astronautas a la Luna, algunos coterráneos dieron un paso más y lograron colonizarla. Pues, al escuchar la imagen tan favorable que procuran mostrar sobre la situación económica del país, se pensaría que ya viven en la Luna.

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