El país atraviesa uno de los momentos económicos más delicados de las últimas décadas. El último informe del Banco Mundial “Panorama económico de América Latina y el Caribe” indica que el país registraría una contracción del -3,2% del PIB en 2026, tras haber caído -2,1% en 2025 y -1,1% en 2024, configurando así tres años consecutivos de decrecimiento económico. Este desempeño contrasta con una región de crecimiento débil; América Latina alcanzaría un 2,1% en 2026, por debajo del 2,4% previsto para 2025.
El espejismo del crecimiento: consumo sin inversión
El Banco Mundial señala que el consumo privado sigue siendo el principal motor del crecimiento económico, dado que la inversión permanece “moderada” en un contexto de incertidumbre y condiciones financieras restrictivas. En términos macroeconómicos, esto implica un desequilibrio estructural, ya que el crecimiento está siendo impulsado únicamente por la demanda interna (consumo). Además, existe una baja formación bruta de capital (inversión) y un escaso dinamismo exportador diversificado.
En Bolivia, este patrón se agrava por la caída en la comercialización de productos en sectores estratégicos (en una década, la exportación de hidrocarburos se redujo en casi $us 5.000 millones) y una limitada atracción de inversión privada directa externa.
Informalidad: magnitud y efectos macroeconómicos
Uno de los elementos más críticos y frecuentemente subestimado es la informalidad. En América Latina, este fenómeno está estrechamente vinculado al autoempleo, la baja calificación laboral y la baja productividad.
En nuestro país, la informalidad laboral se sitúa entre las más altas del mundo. Informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) indican que la informalidad domina el mercado laboral con tasas que oscilan entre el 80% y 84% de la población ocupada. Esto significa que 8 de cada 10 trabajadores operan sin seguridad social, derechos laborales ni contratos estables. Actualmente, de una población económicamente activa de aproximadamente 6 millones de personas, más de 5 millones de bolivianos trabajan en la precariedad y sus ingresos dependen exclusivamente de sus ventas diarias.
Desde una perspectiva macroeconómica, los principales efectos de esta situación son:
- Base tributaria reducida: Ocasiona una menor recaudación impositiva.
- Baja productividad: Provoca un menor crecimiento económico.
- Alta volatilidad del ingreso: Afecta la estabilidad del consumo.
- Limitada intermediación financiera: Reduce el crédito disponible para el sector productivo.
Crecimiento y productividad: una brecha persistente
América Latina ha mostrado un desempeño inferior frente a otras regiones en términos de crecimiento durante décadas. En Bolivia, el problema de fondo es la baja productividad, ocasionada por la débil formación de capital humano, la limitada adopción tecnológica y la escasa transformación de la matriz productiva. Estos son los principales factores que afectan de manera negativa al crecimiento y desarrollo económico nacional.
Política Fiscal y Tributaria: de la "fiesta" al ahorro
El déficit fiscal (gastar más de lo que ingresa) fue financiado en gestiones anteriores con las Reservas Internacionales del Banco Central de Bolivia. Esta situación afectó directamente a nuestra economía, puesto que actualmente existe una escasez de dólares en el mercado financiero, provocando inflación dado el alza en el precio de la divisa, por lo que las importaciones en general son más costosas. Las reservas internacionales son fondos que respaldan la economía nacional y deben ser consideradas como el ahorro del país; por ello, deben ser administradas con reglas claras para su disposición y utilización dentro de un marco de equilibrio económico.
Otra causa del déficit fiscal persistente son los elevados pagos de intereses por deuda, a mayor carga de intereses, menores son los recursos para inversión productiva o social. Entramos así en una dicotomía: “Sin crédito no hay inversión” y “Con nuevos créditos pagamos más intereses”. Es imperativo establecer normativa específica para adoptar este tipo de medidas crediticias, analizando la capacidad de endeudamiento del país y focalizando posibles futuros nuevos recursos en sectores estratégicos.
En tal sentido, es necesario aplicar medidas inmediatas respecto a la política fiscal e impositiva en Bolivia:
- Reglas fiscales claras: Establecer objetivos respecto a la deuda interna y externa, y planificar un gasto público eficiente que mejore las expectativas de los agentes económicos.
- Reasignación del gasto: Reorientar el gasto corriente hacia la inversión en infraestructura de apoyo al sector productivo y capital humano, variables con mayor impacto multiplicador.
- Evaluación de empresas estatales: Analizar las empresas que registran pérdidas millonarias. El Estado debe dejar de ser "empresario" y empezar a ser un "buen administrador".
- Reducción de gasto corriente: Evaluar la propuesta realizada por una parte de la población, que pide la reducción de sueldos y salarios en el sector público para incrementar la inversión pública.
- Reforma tributaria: Plantear una reforma estructural para ampliar la base tributaria, universalizando obligaciones y disminuyendo la informalidad.
Política Monetaria y Cambiaria: sinceridad, ante todo
En Bolivia no se puede seguir fingiendo que el dólar vale Bs 6,96 cuando en el mercado paralelo las personas pagan en promedio Bs 9,40. Por eso es fundamental realizar la unificación cambiaria de manera gradual, dado que el control del tipo de cambio genera escasez y eso eleva el precio; es decir, para que los dólares vuelvan al sistema bancario y circulen en la economía, es necesario flexibilizar el tipo de cambio.
Asimismo, las tasas de interés bancarias continúan siendo elevadas y restrictivas para el sector privado; situación que debe revertirse mediante una política monetaria más flexible que otorgue financiamiento a sectores con capacidad de innovación y exportación , incrementando créditos al sector privado, enfocándonos en la diversificación de la economía, industrialización y utilización de tecnología para mejorar la productividad en nuestro país.
En resumen: Bolivia requiere una transición rápida de un modelo económico de "consumo y rentismo" a uno de "inversión y productividad".
Sin reformas profundas en las políticas monetaria, cambiaria, fiscal y tributaria, el país corre el riesgo de profundizar su contracción económica y agravar la crisis actual.
(*) Rolando Marcelo Párraga Daza es economista, magíster en Gestión y Políticas Públicas