2 de diciembre de 2021, 18:10 PM
2 de diciembre de 2021, 18:10 PM

Esta es la marcha más anti-marchosa de nuestra historia. Nadie la desea. O sí, hay uno que la desea: don Evo Morales. El ilustre caudillo se vuelve a ver en el espejo y le pregunta sonriente: “espejito, espejito, ¿quién es el más machito y que más gente jala en Bolivia?”. El espejito se queda mudo. No sabe si seguir la tónica usual del jefazo y mentir a destajo. “Vos Evecito” le quiere decir usando el sabio apócope entre Evito y jefecito. No puede. Sabe que ya han mentido mucho al país y él, noble espejito, no quiere ser cómplice de esta mazamorra de mamonería. Guarda silencio y no se suma a los códigos masistas. Bien por el espejo.

Pero, en verdad, hay algo más que este mágico instrumento prefiere ocultar: sabe que este paseíto es un canto a la muerte. El Choquehuanca lo quiere tieso y frío al jefecito para suplir de una vez al presidente. El Evo quiere que la enfermedad del presidente se agudice y él pueda asumir sin competencia alguna el cargo que le compete. Su cargo, claro. Arce no quiere matar a nadie pues en realidad ya mató a la economía en sus 14 años de des-gobierno. Mató al Banco Central dejándolo sin reservas, a nuestra economía ratificando su condición extractivista y al ornamento público dedicándose a autorizar la construcción de museos, estadios y canchitas por doquier.

Los manifestantes, tan macho-caporales, quieren irse a Santa Cruz, no precisamente a disfrutar del solcito, las carnecitas y la piscina, sino a matar a nuestros compatriotas orientales, cipayos del imperialismo, lacayos de Chile y lo que sea, pero limpiarlos del panorama ardoroso del trópico. Los transportistas quieren eliminar a los marchistas que no les dejan trabajar y los obligan a sumarse a este miserable necro-paro. Los transeúntes morimos de cansancio y aburrimiento atestiguando la marcha, bloqueo o tapiada número 2.784 en los últimos meses, con la diferencia de que en esta nueva concentración hay más burócratas haciendo bulla.

Los medios están obligados a decir que los necro-marchistas son un millón o ¡se joden! ¡Los hunden, les quitan su permiso de emisión o los recluyen en el anonimato de la red de la que pocos se salvan! Nosotros, los dizque-opositores nos morimos de miedo de criticar a esta bravía marcha so pena de ser acuchillados ahí mismo. Ya me imagino dirigirme al micrófono en pleno San Francisco y decirles que su marcha fue una pena. Ya está: moriría. ¡Sería mi último día! 

Los marchistas mueren de miedo de perder la pega y se aventuran por el camino cantando a Silvio, Piero y Maluma (o lo que venga, pero a coro y sin disimulo). Mueren de frío, en especial cuando miran por la ventana, allá por Patacamaya, Sica Sica o Ayo Ayo, como el Jefe se atrinca un brazuelito con cervecita helada en alguna pensión del altiplano caminero. 

Los vecinos y comunarios, vacunados en un 20% contra el coronavirus, se postran a lo largo de la ruta esperando un pancito junto a los ch´apis mucho más astutos para atrincarse la llauchita expulsada de alguna dentadura. Los coronavirusenses andinos aplauden. Creen que ha venido la Cruz Roja a salvarlos, pero a los pocos minutos se dan cuenta que no. Nadie los recuerda. Ah no, el Evo si los recuerda, en especial dos semanas antes de una elección.

Mueren las noviecitas de pena por no ver a su macho machote ¡toda una semana! Mueren de orgullo al verlo turistear por esta larguísima ruta, recordando al país lo racistas que somos, los simpatizantes de Disney que somos y lo mucho que los odiamos. En medio de ese jolgorio marchista sale en libertad la Gabriela, una de las novias más prominentes del Jefe. Quieren despistarnos, pero no les alcanza. El olor a muerte no cesa y sabemos que ese bramido de hormonas delictivas saliendo del penal, son fácilmente olfateables, Ni tres marchas necro-fílicas podrían impedir que olamos ese olor putrefacto.  

Y, por si fuera poco, con siete días de caminata turística, Bolivia ha dejado de producir millones de dólares. Muere nuestra economía. Se desangra herida ante tanta desfachatez criminal. ¿Y la oposición? Muerta (con la excepción de algunos, sólo algunos, valerosos “padres de la patria” que aún viven) Ya lo sabemos. Como nos lo dijo la ex vocal Rosario Baptista, nuestro opositor más prominente, encabezando Comunidad Ciudadana, nunca quiso ser presidente. Quiso recolectar “fondos para la campaña” (los 10 millones que lo asustaron tanto). El único vivo en medio de este necro-quilombo. ¡Bandido!

Lo peor, en todo caso, es la muerte de la dignidad, la ética y el sentido común.

Bolivia se nos muere.

Diego Ayo Saucedo es politólogo​​

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