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Mi intención de mantener una mínima línea cronológica en esta serie de artículos sobre las mentiras se fue por la alcantarilla debido a unos párrafos que con notoria saña le dedicó el ex vocal electoral José Luis Exeni al diario El Potosí en el diario masista La Razón.

Como director de contenidos del diario potosino, debo responder pero, afortunadamente, puedo mantenerme en el marco del enfoque del uso de las mentiras para la sustitución de narrativas.

Para referirse a El Potosí, Exeni incurrió en una actitud que se denomina “contextomía” y consiste en la extracción selectiva de palabras o acciones fuera de su contexto original de una manera que distorsiona su sentido original.

Lo que hizo fue tomar un reporte de El Potosí, uno solo, que fue hecho desde las calles, en el momento mismo en que se producían enfrentamientos y, a partir de ahí teorizó sobre la conducta de los potosinos, que se defendían de un ataque violento; las pertenencias territoriales (ciudad vs. campo) y, desde luego, el eterno argumento masista: el racismo o, cuando menos, la segregación racial.

Podría responderle punto por punto, pontificando sobre el Potosí de hoy, innegablemente “ruralizado”, pero debo hablar de mentiras, como la que se quiso armar en esta ciudad con la muerte de Basilio Titi, en los enfrentamientos del 9 de noviembre.

Esta persona llegó a Potosí como parte de los grupos de choque que, encabezados por el presidente de la Asamblea Legislativa Departamental, Marcial Ayali, desbloquearon violentamente las calles potosinas, a punta de chicotazos y patadas, incluso a mujeres y ancianos. En algún momento del 9 de noviembre se armó bandos en las calles, bloqueadores y desbloqueadores. A veces avanzaban unos y retrocedían otros. En un retroceso de su grupo, Basilio emprendió veloz huida. En los videos, desde distintos ángulos, se lo ve escapar y, de pronto, se tira solo al suelo y parece que se ahoga.

En la noche del 9 de noviembre se reportó la muerte de una persona. Era Basilio. La autopsia reveló que se había atragantado con un bolo de coca. Al parecer, eso ocurrió cuando corría, asustado. Pero lo que hizo el masismo fue usar el deceso como arma. Las “Bartolinas” se llevaron el cuerpo a la federación de campesinos masista; lo lavaron, sin ser parientes, y lo velaron. En conferencia de prensa, desecharon el resultado de una autopsia y anunciaron una nueva. Mantuvieron el cadáver insepulto durante cuatro días y lo sometieron a otra revisión médica. Pero algo les salió mal: el Ministerio Público validó la autopsia del día 9 y dijo que no autorizó nada más. Eso convirtió a la segunda autopsia en algo ilegal.

Se quiso mentir, cambiar lo sucedido para reemplazarlo por otra narrativa; es decir, falsear la verdad.

Como periodista, a Exeni debería de preocuparle que se intente cambiar la verdad, en lugar de juzgar a un medio por un reporte enviado desde el fragor de los enfrentamientos. O tal vez su preocupación sea complacer, o ayudar, al partido al que, finalmente, le debe algunos sueldos.

Juan José Toro Montoya es Periodista

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