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Nos hicieron creer que el incario era un Estado utópico y más de uno lo llamó socialista. Quizás eso se debió a las prácticas de reciprocidad que se encontró en la mayoría de los pueblos andinos y a la nostalgia con la que los caciques recordaban al Tawantinsuyu, el imperio que abarcó casi tres millones de kilómetros cuadrados en los que vivieron, en promedio, 10 millones de personas.

Pero la verdad es que, si se revisa con mayor cuidado el tipo de gobierno que ejercía el inca, se llegará a la conclusión de que, por lo menos bajo la óptica de los estándares actuales, era una tiranía.

Para empezar, hay que decir que inca fue el nombre de los gobernantes de una etnia que, en la versión oficial, procedía del Cusco. Después, por extensión, se convirtió en algo así como un gentilicio.

El curacazgo del Cusco se expandió sobre la base de conquistas militares. Primero entró en guerra con la confederación chanca y, cuando derrotó a esta, hizo lo propio con otras etnias como la de los wankas. En su avance se encontraron con los kollas, que se desarrollaron en los alrededores del lago Titicaca y, tras derrotar a estos, llamaron Kollasuyo a la región al sur del Cusco, ignorando que, más allá, existían muchas otras etnias a las que también terminaron sometiendo. Por tanto, el Tawantinsuyu, o imperio incaico, fue forjado con sangre y los pueblos sometidos eran tributarios del inca y la nobleza, que estaba constituida por su familia y las panacas, o grandes linajes.

El imperio se forjó sobre la base de mentiras. Roy Querejazu refiere que Inca Yupanqui “decidió borrar toda la historia anterior. ¿Cómo? Haciendo matar a todos los historiadores (de los cuales algunos eran amautas) y quipocamayocs; y sobre todo prohibió el uso de la escritura jeroglífica, conocida y utilizada por los más sabios del pueblo”.

Este inca se había percatado de lo peligroso que era el conocimiento y decidió eliminarlo para gobernar con tranquilidad, sin que haya rebeliones. Es, probablemente, un modelo para muchos dictadores de hoy, que quieren anular a la prensa, que es la que escribe diariamente la historia. Es más conocido por el nombre que asumió tras consolidar su poder: Pachakuti.

Pero eso no es todo. Los incas no solo fueron dictadores, monárquicos y absolutistas sino, también, polígamos, incestuosos y pedófilos. Es probable que algunos líderes políticos de hoy, que reivindican el imperio incaico y el Kollasuyo, hayan conocido los métodos de Pachakuti, y sus sucesores, y por eso reproducen sus conductas en nuestros días.

En el próximo artículo les contaré cómo la pedofilia de un famoso inca motivó que se escriba una de las historias más verosímiles de esos gobernantes tiranos.

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