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Decir que Bolivia quiere a Potosí es una mentira. Lo supe hace décadas, cuando hacía un curso preuniversitario en Sucre y al docente se le dio por hablar de los mineros, no del Cerro Rico, sino de los mineros.

Un alumno, del oriente, preguntó, entonces: “Doctor, ¿es cierto que los mineros no se bañan?”. Alguien de atrás, con claro tono occidental, respondió que “los potosinos no se bañan”.

Está demás decir que, a partir de aquel día, me convertí en el más impopular de aquella clase porque, además de subrayar que los mineros se bañan todos los días, al salir de la mina, eché en cara a mis compañeritos y al docente que Potosí había mantenido a Bolivia, gracias a la plata de su Cerro Rico.

Me quedé chico.

Años después, cuando empecé a estudiar la historia, supe que Potosí no solo había mantenido a Bolivia sino que este país no hubiera existido sin su plata. El tamaño de su yacimiento, y la enorme riqueza que generó, fue la razón por la que se creó una instancia jurídico-administrativa denominada Audiencia de Charcas, sobre cuya base se fundó Bolivia, en 1825.

Supe, entonces, que Potosí es algo así como el hermano mayor de una familia que perdió a sus padres. A falta de estos, el hermano mayor se puso a trabajar para dar de comer a sus hermanos, e incluso una profesión. Cuando ya todos eran autosuficientes, comenzaron a mirar con desdén al hermano que los mantuvo y, para colmo, hasta le agarraron asco.

Quienes piensen que exagero, que recuerden cómo se habla de Potosí fuera de Potosí. Lo primero que se observa es su frío -probablemente uno de los más sanos del continente- y, después, se hace chistes sobre la apariencia de sus habitantes. Se usa el adjetivo “indio” en su sentido peyorativo y muchos emplean una palabra quechua para rematar el etiquetado: “p’aspa”, en referencia a las mejillas que suelen encarnarse por el rigor de los vientos de la puna.

Y así como se discrimina a sus habitantes, se discrimina a la ciudad. ¿Acaso es Potosí un destino ideal para vacacionar o edificar una mansión? No. Hasta los propios potosinos prefieren otros lugares para construir.

Por eso, en estos días en los que Potosí volvió a ser noticia nacional, por el nuevo avasallamiento que sufrió por parte del Gobierno, creí a medias en la solidaridad de los bolivianos a los que ni siquiera les importa que el Cerro Rico se esté hundiendo.

Ahora se habla de Potosí con palabras de admiración, pero se ignora que su sacrificio por Bolivia fue permanente. Es el hermano mayor que hizo estudiar a los demás y ahora necesita que estos le retribuyan.

El día que hablemos de pagar la deuda histórica con Potosí, y no haya otra región queriendo aprovecharse de sus recursos, entonces creeré que los bolivianos dejaron de ser ingratos con esta ciudad.

Juan José Toro Montoya es Periodista


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