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12 de junio de 2023, 4:04 AM
12 de junio de 2023, 4:04 AM

Por: Lic. Luis Fernando Romero Torrejón *

El pasado 6 de junio, el Banco Mundial en sus “Perspectivas Económicas Mundiales” ha reajustado sus proyecciones de crecimiento económico para los países tanto desarrollados como para los en vías de desarrollo; en el caso de nuestra región, América Latina y el Caribe, ha establecido que se desacelerará a un 1,5% para esta gestión, donde las potencias como Brasil y México crecerán en no más del 2,5%, Argentina se contraerá por un 2%. En el caso de Sudamérica apenas tendrá un crecimiento del 0,8%, donde el país de Guyana, por lejos, tendrá el mayor crecimiento económico del cono sur, con un 25,2%.

En el caso de Bolivia, el Banco Mundial, bajó la proyección de 2,7%, según el informe de abril, a 2,5% para junio de este año, muy lejano al 4,86% proyectado por el gobierno nacional; inclusive las perspectivas para nuestro país indican que el 2024 y 2025 tendremos un crecimiento del 2% para ambas gestiones, lo cual, si bien no se puede afirmar que entraremos nuevamente en un proceso recesivo, pero si al menos de desaceleración de nuestra economia.

Pero este fenómeno en realidad no comenzó recientemente o porque a este organismo internacional se le ocurrió dar un informe poco alentador para Bolivia y su crecimiento, la historia comenzó, al menos el punto de quiebre, el 2014. Ese año, como todo ya sabemos, nuestra economia comenzó con su proceso de contracción en su Producto Interno Bruto (PIB), que para ese año fue del 5,46%, mismo que fue descendiendo poco a poco hasta el 2019 con una cifra de 2,22%; el 2020, año trágico por la pandemia, nuestro PIB real llegó a una cifra nunca vista, ni en los años 80, de -8,74%, posteriormente, el año 2021, crecimos de manera extraordinaria al 6,11%, una recuperación tanto estadística y natural de una economia local y mundial que tenia que gastar y consumir más para salir de la crisis del Covid.

Otro dato, que creo que es importante aclarar, para evitar exitismos, es que según los ultimo datos del Banco Mundial, Bolivia tendría, si es que se cumplen las proyecciones, el 4to crecimiento económico de Sudamérica, después de Guyana, Paraguay y Ecuador; en el contexto regional nuestra posición cae drásticamente al puesto número 16. Sin embargo, hay que aclarar que estos de las cifras de crecimiento deben ser tomadas con pinzas y analizadas con lupa, ya que cada contexto nacional es muy diferente y las características del mismo es particular; sino creeríamos que Guyana es una potencia con su 25,2% de crecimiento y que Brasil, con el 1,2% para el 2023, es una economía deprimida, mas todo lo contrario, si llevamos esto a términos absolutos, el PIB de la verde amarelo llegó a 1,92 billones de dólares el 2022, hagamos cuentas, fin de la discusión.

¿A qué se debe este menor crecimiento proyectado para Bolivia? En realidad, es una tendencia para la mayoría de los países del mundo, ya que aun no hubo una recuperación total nominal, pero sobre todo cualitativa de los niveles previos a la pandemia, es decir, aun estamos sufriendo las secuelas de la misma.

 Las economías de primer mundo están viviendo todavía un proceso inflacionario, lo cual implica políticas monetarias restrictivas, es decir elevación casi continua de sus tipos de interés, lo cual encare el dinero, los créditos y los financiamientos, es decir limita la inversión y el gasto, por ende, se desacelera la economía con el fin de controlar la inflación. Si a esto le sumamos la inestabilidad de los mercados internacionales, por la latente guerra europea, la situación se complica.

Todo lo anterior sin duda afecta y afectará a Bolivia, una economía tomadora de precios y muy dependiente del contexto internacional, ya que tiene un modelo primario exportador basado principalmente en la venta de materias primas; lo cual es reafirmado por el IBCE, que indica que al 1er trimestre del 2023, las exportaciones tradicionales (minerales e hidrocarburos) representaron el 79% del valor de nuestras exportaciones al resto del mundo.

Los factores internos igualmente tienen mucho peso para que frenar nuestro crecimiento económico presente y futuro, principalmente por la caída de nuestras RIN, en un 77%, desde el 2014 hasta la fecha, sobre todo por un gasto público elevado, tipo de cambio fijo, subvenciones ineficientes y la importación cara de carburantes, que, hasta abril, nos significó $us. 1.007,5 millones.

Todo derivo en que este año, exista, por todo lo anterior, más la implementación de políticas monetarias poco acertadas por el BCB, una escasez latente de dólares en el país, sobre todo en el sistema financiero nacional; esto, fortaleció el mercado paralelo, generó incertidumbre, incremento la especulación y encareció la compra de esta divisa, trayendo un desequilibrio en la economía nacional. 

Un país que no tiene la cantidad suficiente y oportuna de divisas para sus diferentes agentes económicos, ya sean para sus transacciones comerciales o financieras, internas y externas, tendrá menos posibilidades de crecimiento económico y un mayor costo de oportunidad.



(La presente opinión es personal, pero en base a estadísticas oficiales)

Presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija​​