Opinión

Bullying, fenómeno inhumano

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8 de mayo de 2018, 4:00 AM
8 de mayo de 2018, 4:00 AM

El acoso escolar o bullying es un flagelo que debería preocuparnos y alarmarnos como sociedad; lamentablemente, es un reflejo del nivel de agresión y violencia que se vive en el mundo actual y está afectando directamente al núcleo familiar.

El bullying es un comportamiento anómalo de hostigamiento, burla, intimidación y discriminación que ocurre por acción y desdicha de varios actores, de manera repetida, durante un periodo de tiempo. El dolor humano es inaudito y más aún cuando el que sufre es un niño. Aquí no se trata de satanizar al agresor, que, por lo general, es víctima de su entorno y crece sin normas, sin valores, sin una guía o un modelo constructivo y repite conductas aprendidas que encubren una autoestima muy baja. Sin embargo, se esfuerza por proyectar exactamente lo contrario: fuerza, seguridad y poder. La víctima termina apresada en sentimientos de miedo e inferioridad, perdiendo su autoestima y confianza en sí mismo. En consecuencia, se aísla, se deprime y, en muchos casos, termina con su vida.

Un agente principal involucrado en este fenómeno es el maestro como principal responsable de velar por la tranquilidad y la armonía de sus alumnos dentro del colegio. La interacción de los niños en la escuela no solo es en el aula, sino en el patio, en el recreo, en el comedor, en el momento de practicar un deporte; la capacidad y el compromiso del profesor juegan un rol importante para detectar,  de manera oportuna, cualquier tipo de acoso, burla o intimidación.

Una de las profesiones más nobles es la docencia y debe ser asumida por personas con gran vocación y amor al servicio; asumir la labor de educador de generaciones es una enorme  responsabilidad, tiene en su mano la formación de personas que dependerán de su guía para  vencer miedos,  reforzar su autoestima, proyectar sus sueños y saber manejar sus emociones.

Este flagelo social, tan utilizado en nuestro vocabulario y a la vez banalizado, quitándole la importancia que tiene, debe ser inmediatamente combatido por la sociedad. Los hijos son el reflejo de los padres y si en casa les enseñamos a criticar a las personas por sus diferencias, a ser agresivos, intolerantes e irrespetuosos con el prójimo, estamos construyendo un futuro monstruoso para nuestros hijos y nos estamos convirtiendo en cómplices de este atroz flagelo.

Debemos  abrir  canales de comunicación de calidad para que nuestros hijos puedan expresar lo que piensan, lo que sienten, sus vivencias, sus inquietudes y sus miedos. Debemos crear momentos de diálogo para dotarlos de herramientas para que se sientan más seguros.

No es posible que un niño se quite la vida, es inadmisible que un niño se aísle por la burla cruel de otro niño o incluso de un profesor, no es tolerable que un padre enseñe a su hijo a menospreciar  a otro niño. Nadie merece sentirse solo, desprotegido y vulnerable por la conducta errada de otros. Tan evolucionados nos creemos, pero estamos más inhumanos que nunca que no hacemos nada para parar con esta inconducta. 

Es hora de ser agente de cambio y canalizar todo nuestro dolor, impotencia y rabia dirigida a acabar con el bullying, sea cual sea nuestro papel en esta sociedad para dejar de comportarnos como bestias.

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