Opinión

Bullying, se necesita más que reacción

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9 de mayo de 2018, 6:48 AM
9 de mayo de 2018, 6:48 AM

El bullying es un problema que está acosando a la sociedad cruceña desde hace algún tiempo, especialmente cuando se conocen casos graves que desencadenan consecuencias muy graves y hasta fatales. 

Al saberse de estos hechos, las redes sociales se llenan de reflexiones y hasta condenas públicas, tanto a los agresores, a los padres y a los maestros. Pocos se detienen en silencio a mirarse a sí mismos, a sus propias familias, a los hijos o sobrinos, para saber si el problema no está en casa y si no es uno mismo el que debe actuar para erradicarlo.

Las cruzadas contra el bullying aún no están enraizadas en la conciencia ciudadana. Las actividades de reflexión y de prevención son aisladas y se realizan más por la buena voluntad de algunos quijotes de la sociedad, que como efecto de acciones organizadas por instituciones públicas o privadas. En realidad, lo que se hace es más reactivo que planificado y permanente.

Conviene un sinceramiento general para comprender que las burlas entre compañeros o los golpes camuflados en juegos han sido tomados como algo natural y como parte del crecimiento de los niños y los adolescentes. En la casa, hay que preguntar cuántos padres subestiman el estado de depresión que pueden estar teniendo los hijos que son víctimas de bullying, pensando que ‘si todo lo tienen, ¿de qué se quejan? Por otro lado, es frecuente que las agresiones de los hijos a sus compañeros sean encubiertas por padres sobreprotectores que prefieren ignorar lo que hacen sus hijos a tomar tiempo y esfuerzo para corregir actitudes que causan daño y dolor.

Frente a los terribles casos de bullying que se han conocido públicamente y otros tantos que no se informan, es urgente que la familia sea el primer espacio de reflexión, evaluación y corrección. Una sicóloga entrevistada por EL DEBER señala que la empatía y las habilidades emocionales no son innatas y hay que educarlas. ¿Quién mejor que los padres para hacerlo?

Por otro lado, los maestros deben saber que no alcanza con que impartan formación académica a sus alumnos, ya que ellos son referente, especialmente cuando el niño o adolescente no tiene con quién dialogar en su casa porque sus padres no tienen tiempo o dedicación para ocuparse de él. No es posible que sigan ocurriendo casos de acoso escolar sin que los docentes y directores se jueguen por salvar la vida física y emocional de las víctimas.

Finalmente, las autoridades deben saber que hacer gestión no es solo construir obras, aunque sean floridos parques en la ciudad. Urgen programas de formación y orientación que tengan presupuesto sólido y sostenibilidad en el tiempo.

La vida de los jóvenes y de los niños depende de una sociedad en la que cada ciudadano tiene su parte de responsabilidad ineludible y de urgente cumplimiento.

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