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En los últimos días al menos tres instituciones sectoriales han sido objeto de tomas por parte de militantes del Movimiento al Socialismo, que con el argumento de que ellos ahora están en el Gobierno quieren desocupar por la fuerza a los funcionarios en ejercicio para asumir sus puestos, en una práctica que en el país se conoce como la de los buscapegas.

Si bien es una práctica bastante común en cada cambio de Gobierno, ello no lo hace menos deplorable porque el aparato del Estado no es, o por lo menos no debiera ser, una agencia de empleos para los militantes del partido ganador de las elecciones. 

Una de esas instituciones acosadas por los buscapegas del MAS es el Servicio Nacional de Sanidad e Inocuidad Alimentaria (Senasag), que debe ser manejada con personal técnico formado con conocimientos especializados y experiencia en el ámbito de sus responsabilidades.

Y la responsabilidad del Senasag no es poca cosa, se ocupa de preservar la condición sanitaria del patrimonio agropecuario y forestal, el mejoramiento sanitario de la producción animal y vegetal y garantiza la inocuidad alimentaria en los tramos productivos y de procesamiento del sector agropecuario. Nada menos.

Cuando se observa en las imágenes a esos grupos de revoltosos militantes que reclaman para sí los puestos de trabajo de una institución como el Senasag, uno se pregunta si están preparados para manejar asuntos sensibles relacionados con condiciones sanitarias del mundo agropecuario y forestal; por ejemplo, ¿sabrán que Bolivia exporta carne a China y que los controles sanitarios para garantizar una exportación libre de cualquier anomalía son rigurosos y que no se puede poner en riesgo una actividad productiva estratégica como esa?

¿Tendrán idea de lo que es la epidemiología veterinaria, los laboratorios de diagnóstico y análisis zoosanitario, el área de epifitiología, el registro de industrias procesadoras de alimentos, los laboratorios de análisis de residuos alimenticios y otras especialidades que conduce el Senasag?
Esos mismos ciudadanos hábiles para la pancarta y el estribillo son quienes pretenden tomar en sus manos una responsabilidad del Estado solo porque son del partido. 

Lo mismo ocurre con otros grupos afines al MAS que intentaron tomar la Caja Petrolera de Salud y ahora además la Caja de Salud de Caminos.

En La Paz, grupos movilizados de militantes del MAS intentan tomar por la fuerza las oficinas de la Asociación de Productores de Coca (Adepcoca), y así la figura se va repitiendo en instituciones del Estado que para los buscapegas son meras fuentes de trabajo, sin importar la naturaleza de las funciones profesionales y técnicas que se cumplen detrás de las puertas que ellos quieren ocupar.

La Policía hace lo que puede en contener a los grupos movilizados, pero el Gobierno nacional no ha dicho nada y se hace el desentendido. Que por lo menos respeten las instituciones donde el trabajo que se desarrolla es algo complejo y requiere cierta especialización y experiencia; no es como cortar boletos y recibir una moneda a cambio. 

En algún momento tiene el país que comenzar a adoptar un mínimo sentido de sensatez para adoptar prácticas de un nuevo tiempo y no esas viejas costumbres del pasado que le hacen demasiado daño a la democracia, a la eficiencia y a la calidad de las instituciones del Estado.

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