Andrés Yamit Carrillo Mendoza
Misionero Pasionista
Spotify: cantopasion
Y en medio del camino aparece una situación inesperada. Todo iba tan tranquilo, que no te explicas por qué justo en ese momento vives lo que vives. Y es aquí donde empezamos a culparnos o a responsabilizar a otros: Fue culpa de esta persona. Y el veneno de rabia nos entra al corazón y nos llena de serías dosis de amargura.
De la victoria y serenidad que veníamos viviendo aparece un terremoto que no sabemos qué hacer
Es la ilógica que nos llena de impotencia. Nos sube la presión arterial, nos irrita cualquier comentario y terminamos en un plano de víctima que nos hace tan vulnerables al hacernos constantemente la pregunta, ¿por qué a mí? ¿Qué hice mal? ¿estaré pagando algun error? Y la acompañamos de pregones mentales: Ya no confío en nadie. Todos son así. La vida no es fácil… Y el prejuicio se convierte en nuestro himno.
Y así podemos permanecer meses y hasta años, dando vueltas a las mismas preguntas con posibles respuestas o sin encontrar nada esclarecedor. Pero tal vez, ha faltado un elemento clave para poder encontrar la respuesta que nos sobrepasa y que parece que no va ser hallada. Y es aquí donde con toda la seriedad del mundo quiero invitarte a tener esa clave: La voluntad de Dios.
Te has puesto a pensar ¿por qué Dios ha permitido que vivas esa situación? En lugar de estar pensando todo el tiempo fuera de ti, para encontrar posibles culpables. ¿Dios tiene algo que ver en tu vida? ¿Tu historia de vida ha sido orientada por luz de Dios? O todo lo que sucede simplemente es un acto aislado que no tiene que ver con Dios.
Y quisiera que pensaramos en una pregunta tal vez más seria: ¿Dios se ha valido de experiencias “dolorosas” para librarte de lugares que no te convienen? ¿ha puestos personas que con comportamientos injustos, y actos no muy benevolos, te ha sacado de algún lugar, porque su voluntad te trae nuevos horizontes y quiere hacer algo muy valioso en ti?
Es hora de leer tu historia y tus dolores no desde la culpa a otros o a ti mismo, sino desde la voluntad de Dios. Dios es el padre bueno que nos ha creado, que nos acompaña y que quiere lo mejor para nosotros. Muchas veces le hemos dicho en la oración del padre Nuestro: Hagase tu voluntad. Y ese hagase tu voluntad no puede ser solo una frase diplomática con el creador, sino una confianza en los brazos cariñosos del padre que es bueno y que nos ama.
Las resistencias siempre aparecerán. Nos aferramos a lugares porque consideramos que ahí está todo lo que necesitamos y resulta que llega el momento que eso puede culminar, o tal vez no. O nos aferramos a puestos que algún día pueden terminar. La vida es más grande que un lugar o un puesto. Pues querido hermano lector, te traigo una buena noticia: "todo obra para bien para aquellos que aman a Dios" Romanos 8,28.
Un día acompañé a alguien que se rehusaba de cambiar de trabajo y de ciudad. Afirmaba, yo era feliz en esa ciudad y con esa labor. Ahora vivo enfermo, no soy tan feliz y extraño todo lo que viví allá. Con el paso de los meses le pregunté cómo estaba. Y decía voy mejor. No ha sido fácil. Y pasado un año, volvió a mi casa a decirme: estoy feliz, he aprendido muchas cosas, antes estaba bien, pero no mejor que ahora. Si me hubiese quedado allá no tendría las capacidades que ahora he podido entrenar. Mi abanico de posibilidades ha crecido. Valió la pena haber cambiado de lugar y tengo una perspectiva más competente en mi trabajo. Todo ha valido la pena, donde estaba antes y mi lugar actual. Pero definitivamente aquí he aprendido mucho y la empresa me ha motivado a estudiar y ahora estoy haciendo una especialización que yo sabía que necesitaba.
Volviendo a la pregunta cuál es la voluntad de Dios, se precisa ir en búsqueda de esa respuesta, para no martirizarse en los acontecimientos, en personas, sino en: ¿para qué Dios ha permitido ese suceso?
Que en tus preguntas profundas, encuentres a Dios en tus historia de vida y en las realidad que te genere impotencia, y allí descubras la acción del Padre Dios que te ama y te muestra nuevos horizontes. Dios no te quita, y si permite que te “quiten algo” es porque tiene un propósito nuevo en tu vida. Y reza: Hágase tu voluntad, que siempre es buena y trae grandes proezas.
Tu amigo