Edición Impresa

Camacho: ¿una nueva política?

Guadalupe Peres-Cajías 5/10/2020 05:00

Escucha esta nota aquí

Hace casi 365 días, jóvenes y mujeres, comprometidos con la democracia boliviana, iniciaron una serie de protestas que durarían 21 días. La motivación principal era la defensa del voto emitido en los comicios del 20 de octubre de 2019. Un voto vulnerado por distintas irregularidades electorales que beneficiaban al entonces oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS).

Al mismo tiempo, los actores movilizados -con un alcance nacional inédito- expresaban una tendencia política global: la necesidad de renovar la política para construir un nuevo orden social, que atienda las problemáticas del contexto actual. La llegada de la pandemia ha profundizado esta demanda, cada vez más urgente.

Por ello, no es casual escuchar y leer a candidatos y políticos ser “representantes del cambio”. Entre ellos, está Luis Fernando Camacho, quien expresa esta idea en su eslogan de campaña “Creo en una nueva política para Bolivia” e insiste al indicar su distancia con lo que él denomina “la vieja política”.

A dos semanas de los comicios nacionales y a partir del reciente debate que ha despertado este candidato, sugiero analizar la relación entre el accionar político de Camacho y la demanda ciudadana de renovación.

Para responder a esta pregunta, resulta útil el aporte de Santiago Delgado (2004), profesor de la Universidad de Granada, al respecto: “lo importante es delimitar y observar el conjunto de rasgos específicos, natos o adquiridos, que poseen quienes son considerados líderes, e identificar las cualidades y habilidades que se necesitan para serlo”.

A partir de esta definición, cabe recordar que el liderazgo nacional de Camacho surge durante la crisis política, a consecuencia de las mencionadas irregularidades electorales. Entonces, él tenía una representación clara como líder cívico, función que le permitió conectar con la ciudadanía movilizada.

Sin embargo, esa conexión fue quebrada cuando incumplió con la afirmación difundida el 8 de noviembre de 2019, “no soy candidato, ni lo seré”, pues solo 22 días después anunciaba su candidatura presidencial.

Este rasgo evoca las promesas incumplidas del ex presidente Evo Morales Ayma. La falta de compromiso con su palabra respecto a la Constitución, al referéndum de 2016 y a las elecciones de 2019, fue el detonante fundamental de la crisis política, aún vigente en el país.

Por ello, una de las principales demandas ciudadanas en relación a la renovación política es un liderazgo que genere credibilidad y confianza, como advirtió recientemente el politólogo Carlos Cordero, en un conversatorio de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, en La Paz.

¿Cómo reconocer aquellos rasgos en el candidato de Creemos, que incumplió con su palabra en relación al poder, en menos de un mes? ¿Cuán distante está esa práctica de las promesas incumplidas por el ex presidente Morales, que han motivado la demanda de renovación política?

Por otro lado, otra de las motivaciones para la demanda de una nueva política ha sido la necesidad de reconstruir el tejido social, por la histórica división entre bolivianos, exacerbada con los discursos de enfrentamiento del anterior régimen del MAS.

¿Cómo encontrar la cualidad de articulador, que demanda la renovación política, en la reacción de Camacho frente a la decisión de la presidente Jeanine Añez para declinar su candidatura?

Finalmente, en el contexto de la pandemia se ha evidenciado la urgente necesidad de un líder político que proponga una serie de nuevas medidas para mejorar el sistema de salud, en Bolivia.

Para ello, se espera que el futuro gobernante tenga un sólido compromiso con la salud de los bolivianos. ¿Cómo se espera que cumpla aquello un candidato que prescinde del uso de barbijo e incumple el distanciamiento social, durante su campaña, exponiéndose a sí mismo y a los ciudadanos que lo acompañan al riesgo de contagio en la vigente pandemia?

En síntesis, el accionar de Camacho parece estar distante de la demanda ciudadana de renovación, aunque su eslogan y sus discursos pretendan decir lo contrario.

Un accionar coherente, articulador, responsable y cotidiano es lo que ha demandado la ciudadanía. Y estará en el líder que pueda asumir ese reto el verdadero cambio que necesita Bolivia.