Opinión

EDITORIAL

Cambio de uso para un elefante blanco

Editorial El Deber 10/2/2020 03:00

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El aeropuerto de Chimoré es uno de los elefantes blancos más notorios que construyó el régimen de Evo Morales. Sin justificación técnica en cuanto a transporte de pasajeros o de carga, el régimen invirtió más de $us 36 millones para levantar esa infraestructura aeroportuaria en el trópico cochabambino, en lo que, antes de 2006, era una base militar operada por la DEA norteamericana. Quizá los artífices de la obra trataron de significar –con extrema ostentación– la expulsión extranjera, y por ello bautizaron con el nombre de “Soberanía” el edificio terminal.

Después de cuatro años de haberse inaugurado, del aeropuerto solo se puede destacar su sobredimensionamiento e inutilidad. Su pista –con una extensión mayor que la de Viru Viru– ha sido utilizada principalmente por la aerolínea estatal, que ofrecía apenas tres frecuencias semanales, desde y hacia un solo destino (Cochabamba), y con aviones pequeños que operaban con menos de la mitad de su capacidad. No se puede esperar mayor flujo de pasajeros si se toma en cuenta que el municipio de Chimoré y poblaciones aledañas solo cuentan con algunas decenas de miles de habitantes.

También se trató de justificar la inversión con la promesa de que el aeropuerto serviría para apuntalar el desarrollo productivo y el turismo de Chapare. Aparte de las más de 7.200 hectáreas de plantaciones de coca y cuyo potencial de crecimiento es mucho mayor, la zona también cuenta con productos alternativos como piña y banana. Los productores se ilusionaron con la posibilidad de exportar sus productos por vía aérea, pero pronto descubrieron que los costos operativos eran más del doble que los del transporte terrestre refrigerado. Quizá la viabilidad económica de los envíos por avión podría aplicar a productos procesados, deshidratados y enlatados, o para la piscicultura, pero sabemos que estas industrias todavía no han sido debidamente desarrolladas.

La megaobra tampoco ha servido para incrementar el turismo ni para cambiar el destino que se le da a la hoja de coca, cuyos productores no pudieron cumplir sus planes de transformarla en productos alimenticios y medicinales. De ahí que el aeropuerto de Chimoré ha permanecido mayormente vacío, acumulando telarañas y generando costos de mantenimiento y financieros.

Ante tal subutilización, solo queda por discutir el objetivo geoestratégico de este elefante blanco. Si para el masismo esta obra contribuía a sentar soberanía frente a potencias extranjeras, para el Gobierno de transición, el aeropuerto marca el punto de entrada para que las Fuerzas Armadas y la Policía vuelvan a tener presencia en una zona que se había hecho prácticamente impenetrable, por el poder y protección del que gozaban los cocaleros bajo el anterior régimen. Por supuesto que sus innegables vínculos con el narcotráfico propiciaron esta ausencia de Estado dentro del territorio nacional.

Ahora el ministro de Defensa ha anunciado que el aeropuerto de Chimoré será administrado por las Fuerzas Armadas, cambiando su uso de civil a militar. Los dirigentes cocaleros y autoridades de la zona ya han expresado su rechazo a la medida, aduciendo que no se debe perder el propósito por el que la obra fue construida. Consideramos que, si bien hacía falta la presencia de las fuerzas del orden en la zona para brindar seguridad y encarar tareas de erradicación de coca excedentaria, también es preciso retomar los temas del desarrollo alternativo y turismo. La terminal Soberanía da para mucho más que para convertirse solo en cuartel militar. Toma tiempo y esfuerzo desarrollar industrias y poner en valor un hermoso destino turístico, pero vale la pena hacerlo.