Opinión

Cambios en la Policía

El Deber logo
7 de marzo de 2017, 4:00 AM
7 de marzo de 2017, 4:00 AM

Al iniciar este comentario expresamos con sinceridad nuestros deseos de éxito al nuevo comandante departamental de Policía, coronel Rubén Suárez. No dudamos de su buena voluntad y formación profesional. Empero, reiteramos algo ya señalado antes: la alta rotación policial en la región dificulta la continuidad de cualquier tipo de actividades programadas. Es más, tratándose de la ciudad más poblada del país y del centro económico nacional es casi hasta insultante que el departamento de Santa Cruz se vea sometido a constantes cambios en el comando y en toda la escala de funciones. Sabemos que la rotación es normal y lo aceptamos así, pero en un marco racional y sin tanta dinámica. No es cuestión de hacer una breve pasantía para lograr una promoción e irse. No y no. Los destinos son eso, destinos. Y, como tales, deberían ser reglamentariamente por plazo mínimo de dos años para rendir frutos. 

La capital oriental y zonas ubicadas en las fronteras con Brasil y Paraguay presentan agudos problemas de delincuencia, criminalidad y tráfico ilegal de drogas. Asimismo, cada vez hay más robos y asaltos; cunde por doquier la inseguridad. A ello debe agregarse la constante sospecha de probables corruptelas en el seno mismo de la institución verde olivo. Algunas malas acciones han sido descubiertas y castigadas, otras aún no. Esa imagen negativa de la Policía no será fácil de cambiar, se precisará una tesonera labor de alta eficiencia y con resultados concretos. Un inconveniente mayor derivado del férreo centralismo de la entidad policial es su constante falta de efectivos locales. Varios policías vienen en épocas determinadas o para cubrir acontecimientos oficiales. Luego se van y si quedan algunos, buena suerte. 

Tampoco el Gobierno centralista acepta la creación de cuerpos policiales departamentales, ni siquiera para controles de circulación vehicular o seguridad barrial. Estamos aquí –cruceños y residentes– en las manos monopólicas de una institución del orden que no obedece a las autoridades locales y únicamente actúa en casos de emergencia cuando recibe órdenes desde La Paz. Encima de ello, con poco personal y jefes que rotan velozmente. Más inestabilidad, imposible. Esto tiene que cambiar. Gobernación, alcaldías, entidades cívicas y la propia sociedad civil deberían hacer en conjunto un planteamiento ante el centralismo exigiendo que se evite la excesiva rotación. De lograrse, eso al menos brindará algo de estabilidad y –quién sabe– hasta resultados. Por ahora hay buenas intenciones, veremos qué pasará en los próximos meses 

Tags