Opinión

Caminito de tierra

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1 de octubre de 2017, 21:11 PM
1 de octubre de 2017, 21:11 PM

A La Higuera se llega puntual. Dos horas de viaje desde Vallegrande, por un caminito de tierra serpenteado y siempre al borde del abismo, con curvas remotas y letreros que dicen que por allá se desvía a Sal si puedes Grande, y por más allá a Sal si puedes Chico. Desde la ruta solo se puede ver hasta donde los ojos captan el horizonte. Por eso, llegar puntual a La Higuera tiene su costo: no saber cómo son esas comarcas con nombre de fábula ni vivir en carne propia por qué se llaman así. 

Quien quiere llegar puntual a La Higuera nunca sabrá que en Sal si puedes, ya sea el grande o el chico, las pocas casas albergan personas que siempre saludan como si uno fuera parte de su familia y que preguntan: ¿qué le pareció el camino? El camino, un eterno tirabuzón descendente, que obliga a estar con la mirada atenta al lado izquierdo y al derecho, para no sucumbir al precipicio o toparse con los burros que a veces saltan como canguros por las cornisas tímidas del valle. Quien quiera llegar puntual a La Higuera tampoco se enterará que salir de Sal si puedes es posible, siempre que la noche no sorprenda en ese camino gobernado por curvas salvajes que se hacen menos feroces a medida que la carretera que va a La Higuera se acerque como un cálido regazo de madre.

Pero llegar puntual a La Higuera tiene su recompensa. Aquí uno se entera de que a cualquier hora que uno llegue es una hora puntual, porque en La Higuera el tiempo está congelado, o si no lo está, parece que pasa lentamente.  

Ahí lo encerraron al Che por una noche y lo mataron al día siguiente, dice un hombre que apunta hacia la exescuela del pueblo, que hace 50 años tenía 23 y que ahora, con 73 encima, recuerda como si fuera ayer lo que le pasó al guerrillero Ernesto Guevara. “No sé en qué momento pasó el tiempo”, sostiene con su voz de filósofo. 

En el pueblo hay menos habitantes que hace medio siglo. De las 115 familias que había en 1967 solo quedan 24. Y el éxodo no se detiene. Pero mientras los oriundos se van, hay otros que llegan. Y los que llegan son del exterior y no solo lo hacen por unos días, sino para quedarse. Entre ellos, una pareja de franceses que se enamoraron de La Higuera, que lo dejaron todo en su tierra natal, que compraron una casa vieja y que la refaccionaron para poner un hotel que hoy se llama Albergue Los amigos, los amigos del Che y del caminito de tierra que permite llegar a La Higuera de manera puntual, aunque no se vaya a Sal si puedes.

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