Opinión

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27 de agosto de 2017, 9:00 AM
27 de agosto de 2017, 9:00 AM
Aunque el oficialismo intenta minimizar el hecho, es indisimulable la incomodidad que, como piedra en el zapato, representa la vuelta de Felipe Quispe al escenario de la política boliviana. ‘El Mallku’ apareció, de improviso, liderando la movilización de Achacachi, que ha ido sumando adhesiones en su avance hacia la sede de Gobierno. Con su estilo frontal y agresivo, Quispe devuelve ‘gentilezas’ a cuanto detractor le sale el paso, en medio de un contrapunteo verbal que adereza uno de los más duros conflictos del año y que la gestión de Morales ha sido incapaz de desactivar. 

Frente a la tozudez de los gremiales que se resisten al traslado programado anticipadamente de los mercados públicos, convertidos en un cáncer para la capital cruceña, hace muy bien el gobierno municipal, en sintonía con el clamor ciudadano, al no dar su brazo a torcer y ejecutar su plan sin dar marcha atrás. Es la única manera de rescatar nuestra urbe del desorden y de la suciedad que, desde hace décadas, resulta de la imposición caprichosa de un sector, muy duro de entendederas, que se acostumbró a hacer y deshacer del funcionamiento de esos centros de abastecimiento en áreas urbanas neurálgicas de la ciudad.

Mientras siguen las manifestaciones a favor y en contra de la carretera que atravesará el corazón del Tipnis, donde ayer estuvo el presidente del Estado, un comando policial procedió a la destrucción de 30 hectáreas de ‘coca ilegal’ en aquella reserva. En otro operativo recientemente ejecutado en el Parque Amboró, fueron decomisados 115 tablones de mara talada por intrusos depredadores. Frente a estos hechos indesmentibles de toma y destrucción del bosque, resulta puro cuento el cuidado y preservación de la ‘madre tierra’ con que muchos se llenan la boca.

 
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