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12 de julio de 2017, 4:00 AM
12 de julio de 2017, 4:00 AM
Jueces acusados
de sentenciar a inocentes; jueces denunciados por absolver a presuntos culpables. La justicia es tema de agenda diaria en Bolivia, sobre todo por lo mal que funciona. El precio lo paga la gente y resulta carísimo. Si no, pregúntenle a Reynaldo Ramírez, que perdió dos años de su joven vida en el penal de Palmasola, o a los centenares de presos que se pudren sin conocer su condena en nuestras hacinadas cárceles. Son tiempos en los que todos necesitamos señales más contundentes de cambio en la administración de justicia para conseguir un mínimo de confianza en ella. 

 

Reynaldo Ramírez,
el inocente que sufrió el tremendo daño provocado por un enorme error judicial, trabajará en la Casa de Justicia. Parece una paradoja, pero el ministerio del ramo le aseguró un empleo en un lugar en el que quizás nunca soñó estar, tras la pesadilla de vivir dos años en Palmasola. Reynaldo tiene desde ese nuevo rol la oportunidad de intentar servir a la gente que por algún motivo pasa sin querer o sin merecerlo por un conflicto legal. O al menos, puede testimoniar desde allí con su propia vivencia lo que provoca un mal proceso.  

 

En Minero una abuela s
e vio obligada a bloquear durante algunas horas una vía con gran tráfico vehicular porque no halla a su joven nieta desaparecida. A simple vista parece un abuso ciudadano, ya que un problema familiar no debería llevar a trancar una ruta. Sin embargo, cuando se leen antecedentes del caso, uno encuentra la angustia de una mujer y la solidaridad vecinal con ella, ante lo que resulta ser una llamativa demora de los investigadores para aclarar la extraña desaparición, con la sospecha de algún presunto poder oculto detrás del hecho.
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