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10 de julio de 2017, 6:24 AM
10 de julio de 2017, 6:24 AM

En Bolivia no hubo ojo por ojo ni diente por diente con los dos carabineros que entraron armados al territorio nacional. La decisión de Evo Morales de devolverlos a Chile de forma rápida muestra un manejo sensato del incidente. No se hizo escarnio de ambos, ni se aprovechó el caso para usarlos como trofeos o para venganza. Prevaleció el espíritu humanitario y el sentido común, ya que los funcionarios chilenos y bolivianos que combaten cada día a delincuentes no están libres de no percatarse adecuadamente de la demarcación fronteriza. Por eso, la propuesta de Evo al Gobierno de Bachelet de acordar un protocolo de gestión de estos incidentes junto a la línea demarcatoria es acertada. A ambos países nos irá mejor en la lucha contra el contrabando y el narcotráfico si los dos gobiernos trabajan de forma coordinada. 

En Chile hay dos posiciones sobre la actuación de su Gobierno en los conflictos fronterizos. Una es la crítica, ya que consideran que debió manejarse diplomáticamente, como lo hizo Bolivia, y no jurídicamente. Otros defienden a Bachelet, por creer que en el caso de los nueve bolivianos detenidos hubo delitos. Queda la sensación, sin embargo, de que Evo salió mejor parado de todo esto que Bachelet.  

A diferencia de lo sucedido con periodistas bolivianos en Santiago y en el norte de esa nación, los colegas chilenos pudieron trabajar tranquilos y sin restricciones en nuestro país. Queda claro que a la torpeza es mejor responderle con inteligencia.

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