Escucha esta nota aquí

Si estuviéramos acercándonos a los estándares de calidad de vida de los países más avanzados del mundo, tendríamos altos índices de desarrollo humano. Tendríamos ciudadanos con un nivel de educación vanguardista, un aparato productivo capaz de generar crecimiento económico sin depender del Estado, contaríamos con instituciones que no se desestabilizan con los vaivenes de la política; tendríamos capacidad de concertar y de solucionar problemas. Lo que no encaja dentro del concepto de país-modelo es que todo lo mencionado dependa de una sola persona, ni siquiera de un líder superdotado. Es más, la sola presencia de un insustituible denota todo lo contrario.

La selección de fútbol femenino de EEUU se coronó campeón mundial, pero tal vez este no sea el mayor de sus logros. Sus jugadoras han puesto en primerísimo plano el debate sobre las condiciones de desigualdad que existen entre ellas y sus similares masculinos. Su remuneración es mucho menor que la de ellos, pese a que generan igual o mayor cantidad de recursos para sus federaciones. Ya es hora de reparar las injusticias.

Paulovich. A Alfonso Prudencio ahora le toca hacer reír a los ángeles. Lo recordaremos más como Paulino Huanca, aunque su verdadera identidad es lo de menos, ya que su carnet quedó empeñado en el Bar Chuma para siempre. Extrañaremos sus cartas de reclamo al viceministro nacional de Disparates. Extrañaremos su fina ironía, como cuando explicaba que ‘janiwa es janiwa’ (‘no es no’, en aimara), una expresión más poderosa –según decía– que el ‘no’ del español y el ‘not’ del inglés, que algunas veces se convierten en un tal vez o en un quizá, “algo que no sucede nunca con el ‘janiwa’ de los aimaras que, inclusive, es más rotundo que el ‘niet’ de los rusos en épocas de Stalin”.

Comentarios