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Cuán dura es la lección que nos dejan los incendios en la Amazonia boliviana. El afán de máxima productividad a toda costa, sin planificación y pensando en la rentabilidad a corto plazo, cobra una costosa factura, que no vamos a poder pagar sino en décadas. Aparte de los chaqueos (permitidos por leyes y decretos que no consideran el medioambiente), se ha lamentado la falta de respuesta inmediata de los niveles gubernamentales.

Tuvo que arder un mes la Chiquitania para que las autoridades nacionales se pongan en acción; tuvo que haber un clamor por ayuda internacional para que se decida contratar un avión Supertanker, después de que se quemó medio millón de hectáreas.

No podemos seguir así, necesitamos una mirada más responsable y esto les toca a todos los niveles del Estado y a los pobladores, que deben buscar otros métodos de cultivo. Que esta penosa enseñanza sirva para aprender y que no repitamos experiencia a futuro.

Es el tiempo de la manipulación. Quizás todos lo intuyen, pero pocos asumen que pueden ser o quizás ya son víctimas de mentes que manejan algoritmos y que lanzan mensajes dirigidos en las redes sociales para exacerbar las emociones y motivar acciones. Los tiempos electorales son propicios para esta práctica. Si ya lo vimos en EEUU, Reino Unido, Brasil y Argentina, ¿por qué íbamos a creer que en Bolivia no está ocurriendo? Estar informado es el primer paso para estar alerta. Reflexionar sobre los primeros impulsos que tenemos, es un paso siguiente.

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