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Los vecinos del barrio Alto Olivo (quinto anillo) exigen que la Alcaldía pavimente sus calles. Me pregunto si ellos sienten que tienen prioridad, considerando que son decenas de barrios los que no tienen pavimento en todas sus calles fuera del quinto anillo, cuando la ciudad ya se ha extendido hasta un hipotético décimo anillo.

Siempre se ha criticado que la comuna invierta más en cemento que en salud y educación, como si las necesidades urbanas fueran mutuamente excluyentes.

A las calles de tierra de la periferia ni siquiera llega la aplanadora, salvo cuando se acercan las elecciones. Entonces no hay que extrañarse de que mucha gente prefiera comprarle un terreno al urbanizador privado –allá donde el diablo perdió el poncho, pero con cemento– en lugar de vivir en la Santa Cruz de los barriales.

Se dio una renovación sin querer queriendo: Óscar Ortiz perdió a su compañero de fórmula, cuyo nombre ni siquiera llegó a pegar, y ahora lo reemplaza por Shirley Franco, una joven profesional de 32 años nacida en Cochabamba, cuya carrera política va en ascenso.

Lo más probable es que todos los partidos cuentan con una cantera interesante de potenciales candidatos, pero no se animan a patear el tablero para remover a uno de los niquelados. Qué pasaría, por ejemplo, si Adriana Salvatierra, otra joven profesional de ascendente trayectoria, reemplazara al que predijo la desaparición del sol y de la luna. Solo para pensarlo.

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