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Semana caliente en la política. Ya se sabía: hoy acaba el registro de candidatos a legisladores, desde mañana se presentan encuestas y desde el lunes arranca la campaña. Solo en el primero de los tres capítulos, queda una lamentable certeza. En las militancias hay un afán personal de conseguir espacios a como dé lugar, aun perjudicando a su sigla. Ahora salen los decepcionados, a los que no les cumplieron, etc. Todos quieren estar en la franja de seguridad y no les importa si con su conducta echan por la borda el discurso de que tienen vocación de servicio al pueblo. En cambio, con notables excepciones, se ve que las agrupaciones políticas buscan con desesperación nombres y ‘equipos’ populares, aunque no garanticen una buena legislatura. En fin, ¿de qué nos sorprendemos?

El Órgano Electoral se empeña en alimentar la confusión. Un día dice una cosa, al día siguiente dice lo contrario, va y viene sin parar. Pero por si no bastara, tampoco informa con claridad para eliminar las dudas ciudadanas. Primero, rechaza la renuncia de un postulante a presidente; después, dos vocales hablan de que hay un plazo para sustituir candidatos y, cuando la ciudadanía no da más de desconcierto, los miembros del TSE optan por el hermetismo, como si no supieran cómo aclarar o –lo que es peor- dejando espacio a la sospecha de que existe manipulación por parte de otros poderes. Hasta el momento, la sala plena demostró falta de respeto por el elector. Es tiempo de que se dé cuenta de su rol y valide a quien realmente debe servir.

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