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_ El 21-F pasa a un segundo plano. Un 37% de los bolivianos votaría por Evo Morales a pesar de todo. El analista Walter Chávez lo explica de manera certera: “El 21-F marca la ilegalidad de un candidato, pero eso no sirve para una estrategia electoral… La oposición ha cometido un grave error creyendo que la gente vota por bienes morales abstractos”.

Está claro que muchos bolivianos asumen posiciones viscerales antes que racionales o éticas a la hora de votar. Así lo ve Maggy Talavera: “La gente está midiendo temas que son pragmáticos y el Gobierno aplicó una narrativa más eficiente que la que esgrimieron los de la oposición”.

Además, el tiempo se encarga de atenuar las emociones intensas del pasado, como también lo señala Chávez: “Es difícil entusiasmar a alguien con algo que pasó hace tres años.

 

_ Huele a refundación. El fútbol boliviano no da pie con bola en cuanto a solidez institucional.

Los clubes no pueden pagar sueldos, todos incumplen los estatutos, hay denuncias de corrupción y una crisis profunda de liderazgo. Los clubes cruceños son mayoría, pero nunca ganan el campeonato. Y nuestros campeones son goleados en el exterior.

Los estadios se ven vacíos excepto para los clásicos; las barras bravas de los equipos tienen sus propios mecanismos de extorsión y no representan a los miles de hinchas que ya no se sienten atraídos por el espectáculo. ¿Cómo devolverle la emoción a este deporte?, es la pregunta que deberían hacerse para evitar el walkover total.

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