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_Lo peor y lo mejor de un país. Los seguidores de Donald Trump gritaban “¡send her back!” (regrésenla a su país), destilando su odio contra la diputada Ilham Omar del estado de Minesota, una mujer musulmana de origen somalí.

Lo más triste es que el propio Trump se regodeaba con los estribillos de su séquito, pues él fue el primero en lanzar sus afrentas contra Omar y otras dos diputadas de color. ¡Cómo pudo llegar al poder semejante racista! Por lo menos reconforta saber que hay gente como la de Minesota –un estado predominantemente blanco– que eligió a una mujer que nació en África, que perdió a su madre a los dos años, que vivió en un campo de refugiados por cuatro años antes de huir a EEUU, y que acarrea el estigma de su religión. Poca alcurnia, dirían los necios, pero no los que vieron en ella a una persona decente, profesional (Ciencias Políticas y Estudios Internacionales) y luchadora.

_Por sus obras los conoceréis. En las listas de candidatos a senadores y diputados de nuestras elecciones aparecen los nombres de figuras que cuentan con una amplia trayectoria profesional, que han prestado servicios importantes a su comunidad o que han hecho una carrera política con sello propio. No entran en esta valoración los altos dirigentes a quienes no se les conoce otros méritos fuera de su incondicional apoyo a los líderes su partido y su ciega observancia de sus postulados. Algunos de estos se colgarán de la sigla y los más carismáticos se las batirán como uninominales.

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