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Parece que nos hemos vuelto indolentes ante los accidentes fatales que ocurren en nuestras carreteras. Pero a mí me consternó terriblemente la muerte de esos 14 jóvenes médicos voluntarios –la mayoría mujeres–, luego de que el bus en que viajaban a una remota población paceña se embarrancara, aparentemente por exceso de velocidad.

Sabemos que la medicina es una verdadera vocación; demanda incontables horas de estudio, demanda hacer turnos de 36 horas seguidas, demanda atender a gente pobre en zonas rurales sin infraestructura hospitalaria y con el riesgo de contraer enfermedades. En el caso de este accidente, ¿cómo les retribuimos a estos doctores y doctoras? Pues, no muy bien: si hasta fallaron los equipos de rescate y en varios casos fueron los mismos familiares los que debieron traer a sus fallecidos a sus lugares de origen.

Uno de los cuatro retos que se plantea el Gobierno para los próximos 10 años (¿ya son 10?) tiene que ver con la revolución tecnológica. El ‘vice’ habla de que ya nos acercamos a tener una “masa crítica” de profesionales en telecomunicaciones, litio, energía, robótica, inteligencia artificial, energía nuclear, medicina nuclear, nanotecnología, etc.

Yo tuve la suerte de visitar Shanghái, China, hace poco (mi experiencia la contaré este domingo en la revista Extra), y puedo asegurar que la tecnología le brota por los poros a esa ciudad. Gran parte de su transformación se la debe a su estrategia de apertura a capitales globales. Habrá que ver cómo nosotros capitalizamos a nuestra masa crítica.

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