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 El alcalde paceño tiene detención domiciliaria por un deslizamiento del relleno sanitario de Alpacoma. No se sabe por qué hubo tal deslizamiento, y aun si se supiera, primero se tendrían que establecer responsabilidades del operador o de los equipos técnicos que estaban a cargo.

Pero, ¡no señor!, se detiene a Revilla por el solo hecho de ser alcalde. Peor suerte tiene Franclin Gutiérrez, el dirigente cocalero no afín al presidente, que ya lleva un año preso por la muerte de un policía, cuando ni siquiera se sabe quién lo mató.

A Franclin lo apresaron por el solo hecho de ser dirigente. En países donde se aborrece el abuso del poder, a nadie se puede apresar ni condenar sin que haya evidencia más allá de la duda razonable. Presunción de inocencia, se llama la figura.

“Es mejor que diez personas culpables se zafen a que una inocente sufra”, es la máxima que refleja el espíritu de ese concepto. Cuando hay abuso del poder, sucede todo lo contrario.

El poder ciudadano se hace sentir frente a la tragedia de los incendios forestales. Colegios, empresas, instituciones y personas particulares se dieron modos para enviar alimentos, agua, medicinas y materiales de todo tipo para paliar el desastre.

Se demostró, además, una extraordinaria capacidad de organización cuando se hicieron ajustes en los envíos para hacer más efectiva la ayuda. Ojalá que este espíritu solidario se prolongue en el tiempo, porque reparar los daños socioambientales, aunque sea parcialmente, tomará muchos años.