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Apenas se conoció la derrota de Mauricio Macri en las elecciones primarias de Argentina (o la victoria del kirchnerismo), los oportunistas locales salieron a la palestra para llevar agua a su propio molino. Para ellos, todo se reduce a una pugna de derechas e izquierdas, de privatizadores y estatizadores. Quizá lo que necesita el vecino país es una política de estado de largo plazo, más allá de las ideologías políticas.

El pragmatismo se impone en muchos países que quieren reactivar su economía después de largos años de estancamiento. Pero como nos encontramos en plena campaña electoral, todo sirve para tratar de ganar adeptos y descalificar a los rivales.

Gane quien gane, a Bolivia no le queda más que tener buenas relaciones con sus vecinos, como lo demuestra nuestro acercamiento a Bolsonaro.

Los deportistas bolivianos suelen estar en desventaja cuando salen a competir al exterior. Muchos de ellos se preparan durante años por cuenta propia y con el apoyo decidido de sus padres. Los tenistas Zeballos, por ejemplo, tienen a su padre como entrenador y sus viajes se desarrollan dentro de un plan de austeridad.

En cambio, sus rivales viajan con entrenador, sicólogo, utilero y demás personal de apoyo, de modo que ellos puedan concentrarse en la competencia. Lo que en Bolivia está dando resultados alentadores es el programa Tunkas, financiado con fondos públicos y privados. Dentro de esta iniciativa, ya se vislumbran grandes promesas para dar una sorpresa en los Juegos Olímpicos de Tokio.

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