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En 194 años de vida republicana, los bolivianos hemos desarrollado una cultura que nos cohesiona mucho más de lo que pensamos.

Pocas personas sabrían citar un solo artículo de nuestra Constitución que nos identifique como bolivianos, pero si alguien dice “cueca” o “chobena” sabremos que está hablando de algo que nos hace vibrar, no importa si nos encontramos en Tarija o en Cobija.

La música, en mi modesto sentir, debe ser el elemento cultural que más nos une, seguida muy de cerca por la gastronomía, si me permiten tan disímil comparación.

Que los paceños sigan enamorados de Lunita Camba en la melodiosa voz de Gladys Moreno, y que los cruceños canten al unísono con Savia Andina su canción Minero (como lo hicieron en un reciente concierto con la Orquesta Sinfónica Juvenil de Santa Cruz) dice mucho de lo que verdaderamente somos. Para sentirnos orgullosos este 6 de agosto.

Los Juegos Panamericanos que se llevan a cabo en Lima nos dan pequeñas alegrías. Los hermanos Noelia y Federico Zeballos lograron la medalla de plata en dobles mixto, confirmando que los tenistas nacionales pasan por un buen momento.

En otra disciplina, hay una historia que vale la pena destacar, aunque no se trate de la obtención de una medalla. La marchista boliviana Ángela Castro terminó quinta en la prueba de 20 kilómetros, pero mejoró su marca personal en casi cuatro minutos, lo cual dice mucho de su espíritu de superación.

Con el registro obtenido logró clasificarse para el Mundial de Doha.

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