Opinión

cara a cara

Juan Carlos Rivero 8/10/2019 03:00

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En la década de los 90, el movimiento cívico-cruceño clamaba por la descentralización. Tras mucho tejemaneje del centralismo sobre el tema, el clamor evolucionó hacia las autonomías en la década del 2000.

Luego el centralismo se avivó poniendo en práctica aquel refrán que dice: “Si no puedes contra ellos, úneteles”, y terminó aprobando (a su manera) unas autonomías en las que antes no creía.

Ahora, cuando las regiones supuestamente autónomas no reciben más que migajas de asignación presupuestaria y no tienen la potestad de cobrar impuestos ni de crear su propia Policía, el clamor se ha convertido en federalismo. Si la tercera no es la vencida, no sé qué vendrá en los años 20. Pero ni siquiera se ha avanzado en una descentralización plena.

Había una alineación perfecta entre su discurso y su carácter. Y si su discurso exultaba una inmaculada ética periodística, pues su carácter encarnaba la reconciliación y esperanza en la humanidad. 

De hecho, dedicó gran parte de su vida a convencer a periodistas de Iberoamérica de la fuerza transformadora del periodismo de calidad en ese utópico propósito de construir una mejor sociedad.

Estamos hablando del colombiano Javier Darío Restrepo, que falleció el domingo a los 87 años. Javier Darío vino varias veces a Bolivia y tuvimos el honor de escucharlo durante horas en la Redacción de EL DEBER. Desde la Fundación Gabo, atendía a quien lo llamara para despejar dudas sobre algún dato periodístico comprometedor. El gran maestro se hará extrañar.