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cara a cara

Juan Carlos Rivero 24/10/2019 03:00

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La democracia fue atropellada inicialmente hace cinco años, cuando Evo Morales forzó su inconstitucional segunda reelección. En aquel entonces, un 61% de los votantes legitimó ese atropello, en una suerte de imposición de la fuerza bruta sobre los principios democráticos, que no son moldeables al gusto del cliente. 

La cosa cambió con el 21-F, porque ya la mayoría negó la posibilidad de prolongar la ilegalidad. La tendencia se confirma en estas últimas elecciones, porque –por más que el cuestionado TSE le otorgue la victoria olímpica–, está claro que Morales ya no puede apelar a su prepotente uso y abuso de las mayorías absolutas.

 El informe preliminar de la Misión observadora de la OEA refleja de alguna manera el deterioro de la institucionalidad democrática en Bolivia. En sus conclusiones empieza diciendo que: 

“Toda elección debe regirse por los principios de certeza, legalidad, transparencia, equidad, independencia e imparcialidad. La Misión pudo constatar que varios de estos principios han sido vulnerados por distintas causas a lo largo de este proceso electoral”. 

Ahí solo habría que corregir que no fueron varios, sino todos. 

Pero su recomendación es salomónica: “Debido al contexto y a las problemáticas evidenciadas (…), continuará siendo una mejor opción convocar a una segunda vuelta”. Así como el presidente aceptó desafiante ir a un revocatorio en el 2008 (que ganó con el 67%), ahora debería aceptar la recomendación de la OEA en aras de la pacificación del país.