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Cara a Cara

Pedro Rivero Jordán 27/10/2019 03:00

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Hace una semana, los bolivianos habían dado una nueva demostración de su profunda vocación democrática. Fue irreprochable su participación en las elecciones generales del domingo 20, las más trascendentes desde la recuperación de la democracia en Bolivia. Hoy, siete días después, millones de votantes tienen la bronca a flor de piel porque, una vez más, se sienten burlados y vienen exigiendo en masivas manifestaciones callejeras que su decisión sea respetada. Con su credibilidad desportillada desde mucho antes de que arrancara el proceso que debía conducir con idoneidad y transparencia, el árbitro ‘bombero’ electoral terminó embarrando la cancha en los tramos finales con actitudes y decisiones sospechosas que acrecentaron las dudas acerca de la limpieza del acto y la validez de sus resultados. Dudas que también asisten a varios gobiernos que todavía no los reconocen al igual que importantes organismos internacionales a la espera de una auditoría general de la votación.
 
Ahora, bajo un clima de tensiones a punto de estallar y con una cada vez más consolidada protesta en las calles que tiene paralizadas a casi todas las regiones del país y que, no obstante, el Gobierno de Evo Morales se empecina en descalificar, Bolivia se asoma al borde del despeñadero. En esta tan delicada coyuntura, es muy recomendable que el oficialismo tenga una lectura e interpretación muy cuidadosa de lo que está pasando para evitar un desenlace que nadie, absolutamente nadie que sea consciente, desea que se produzca. Los bolivianos queremos seguir viviendo en paz, en libertad y en democracia.