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cara a cara

Pedro Rivero Jordán 29/10/2019 03:00

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Durante la última Asamblea General de la SIP, el reconocido periodista mexicano Jorge Ramos que, en sendas entrevistas incomodó con sus preguntas y repreguntas a Donald Trump, Nicolás Maduro y Evo Morales, habló de los retos del periodismo ante la verdad, el poder y la tecnología. 

Puso énfasis mayor en la necesidad de interpelar al poder y a sus detentadores circunstanciales que son, simplemente, servidores públicos pagados con dinero de los contribuyentes y que están obligados a dar cuenta pública de sus actos.

Ramos explicó, además, que la receta para no desaparecer de un clic o de un periodicazo o terminar convertido en un dinosaurio, un periodista debe obligarse permanentemente a reportar la realidad tal como es, no como quisiera que fuera. “Vivimos de la credibilidad. 

Si la gente no te cree cuando hablas, de nada sirve tu trabajo”, subrayó.

En Bolivia, Juan Javier Zeballos, un recordado maestro, decía que el mal periodismo simplemente no existe y, por tanto, no puede ser llamado ni considerado de ese modo. 

Entonces, el periodismo nada tiene que ver con actitudes genuflexas y complacientes de periodistas alineados o comprometidos con ideas y posiciones ajenas al interés y el bien común.

Son actitudes propias de quienes, sin pudor alguno, inclinan la cerviz ante el soberbio empoderado de turno y al que no se atreven a cuestionar en la búsqueda de la verdad. Una búsqueda tan necesaria e irrenunciable como nunca ahora, cuando violentas turbulencias sacuden al país y amenazan con lanzarlo en picada.