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cara a cara

Juan Carlos Rivero 31/10/2019 03:00

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Una de las acciones más ruines que un gobier­no puede hacer es utilizar a sus propios ciudadanos en las sucias tareas de confrontar, amedrentar y sembrar caos.

Aprovechándose de la pobreza e ig­norancia de estos ciudadanos, los mariscales de las tinieblas los movilizan y los instigan a delinquir pa­ra conseguir sus fines aviesos.

No miden las conse­cuencias, porque los que ponen la cara y el pellejo son estos supuestos movimientos sociales.

Menos mal que los otros ciudadanos -los de las urbes en paro-, han logrado organizarse para repeler y disua­dir a las hordas, cumpliendo una labor que le co­rrespondería a la Policía.

Han conformado, además, una red de colaboración sin precedentes en el país: lo de las ollas comunes, actos solidarios, relevos, alertas y un sinnúmero de aspectos logísticos han fluido de manera excepcional, haciendo más lleva­dera una situación muy complicada.

Lastimosamente, la anunciada auditoría de la OEA no inspira mucha confianza, cuando confian­za es lo que más se necesita en estos momentos.

Obviemos el hecho de que el cuestionado Almagro está al frente de ese organismo, porque no podemos pedirle que se haga a un lado y porque se entiende que los 30 expertos que vendrán sí dan la talla para llevar adelante el proceso.

Lo preocupante son los términos del acuerdo, sobre todo lo referido a la mentada soberanía y a la posibilidad de anular el acuerdo sin necesidad de justificarlo. 

Vale decir que los causantes de la desconfianza seguirán siendo juez y parte. ¿No ven el conflicto de intereses?