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cara a cara

Juan Carlos Rivero 27/2/2020 03:00

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_Aprovechando los días de Carnaval, un buen número de bolivianos decidimos cambiar de aires visitando Argentina, vía terrestre. 

Caía una ligera lluvia cuando empezamos a hacer la primera cola en el paso fronterizo de Yacuiba.

El galpón binacional no cubre la parte de las ventanillas de Migración de cada país, que atienden por separado en filas separadas. Los mercachifles hicieron su agosto vendiendo impermeables, pero igual quedamos empapados esperando que los ‘flash’ sellen y cobren. 

Luego ingresamos al galpón donde están las ventanillas de las aduanas. Aquí ya había tumultos de gente, de vehículos, de ‘flotas’ y de camiones que pugnaban por cruzar la frontera. No había un solo funcionario que pusiera orden. Un cruceño casi se prende a golpes con un gaucho tras discutir sobre cuál de las colas valía. Se cayó el sistema. Hubo cambio de turno. 

Uniformes diferenciados, pero la ineficiencia era común para ambos lados. Demoramos más de seis horas en completar el trámite. ¡No se puede promover el turismo teniendo pasos fronterizos tan miserables!

 _El viaje terrestre permite comparar los controles policiales de cada país. En el lado argentino, los policías están parados sobre la misma carretera; verifican visualmente cada vehículo y es posible que hasta tomen un test de alcoholemia, pero en ningún caso demoran el tráfico. 

Los policías bolivianos no se mueven de sus casetas, hay que bajarse para que sellen el boletito del peaje. Seguridad y agilidad en el otro lado, sellos y demoras en el nuestro.