Opinión

Cara a cara

Juan Carlos Rivero 28/4/2020 03:00

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Los fulgores de bondad, creatividad y valentía de mucha gente hacen más llevaderos estos días de aislamiento y pesimismo. Algunas son historias de amor en los tiempos del coronavirus, como aquella de una pareja de ancianos que se da cita en la frontera cerrada entre sus países para compartir una merienda. Él, alemán de 89 años, y ella, dinamarquesa de 85, traen sus pilchas y tapeque, ponen la mesa en plena línea fronteriza y se sientan –cada cual en su país y respetando el distanciamiento– para compartir un agradable momento. Hay otros que han perdido un ser querido en estas circunstancias que impiden un último adiós presencial, pero que extreman esfuerzos para que el espíritu humano fluya a la distancia: Zoom también sirve para que el sacerdote celebre la misa, para que la organista toque los himnos y se unan a viva voz, desde sus respectivas casas, los allegados de la familia doliente, todos viéndose las caras surcadas de lágrimas compasivas.

Y como en la guerra, las historias más conmovedoras provienen de quienes están en el frente de batalla. En lugares donde la pandemia rebasó la capacidad hospitalaria, las enfermeras se han desvivido por sus pacientes en medio de limitaciones absolutas. Nada más triste para ellas que, a pesar de su descomunal esfuerzo, los pacientes tengan que apagarse sin que haya un ser querido que los reconforte.

Desde las casas, miles de personas nos regalan su inspiración. Los artistas nos han regalado su arte, y hasta los que no tienen talento para el arte se han convertido ellos mismos en réplicas de memorables pinturas e íconos de nuestra historia. De alguna manera nos estamos reinventando. Nadie sabe si volveremos a ser los mismos de antes, por más que levanten las cuarentenas. Nadie sabe si un concierto al vivo volverá a congregar multitudes. Nadie sabe si estaremos dispuestos a disfrutar una comida en un restaurante sabiendo que los comensales no pueden llevar barbijo. Solo esperemos que esos fulgores de humanidad no se pierdan nunca.

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