Edición Impresa

Cara a cara

Monica Salvatierra 8/5/2020 03:00

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Son muchas las promesas incumplidas del Gobierno. 500 unidades de terapia intensiva que no existen en realidad, reactivos para más de 400.000 pruebas clínicas que no llegan, ítems para el personal que no se aprueban, más laboratorios en más ciudades, que no existen aún. En cambio, hace una semana se agotó el material para los laboratorios habilitados, hay demora en la entrega de resultados y otros cuestionamientos adicionales. No consuela que el ministro de Salud diga que muchos más nos vamos a contagiar, porque esto podría tener algún sentido si no se tuviera tanto miedo a morir, no tanto por el coronavirus, sino por la falta de espacio, equipamiento y personal que pueda salvarnos la vida. Ese es el contexto en el que se pretende ir a una cuarentena dinámica, con flexibilización de medidas en algunos municipios. No parece ser oportuno y puede provocar una explosión de contagios de dolorosas e irremediables consecuencias.

La edición impresa de EL DEBER presenta varios ejemplos de resiliencia en la sociedad boliviana. Tocar fondo permite resurgir como un Ave Fénix para quienes deciden enfocar su energía en reinventarse y no en quejarse. Hay vecinos que, a falta de ingresos por la cuarentena, recuperan recetas familiares para hornear pan o cambian el modelo de negocios de hacer camisas, para confeccionar trajes de bioseguridad. Son muestras de resiliencia que permiten tener la certeza de que la crisis no será eterna, que vamos a salir adelante con la fuerza y el valor de la gente que habita este país.

“No me ayude compadre”, podría decir Jeanine Áñez a su entorno inmediato que la ha hecho pasar la peor semana política desde que es presidenta. Uso indebido de aviones de la Fuerza Aérea, escaramuzas en el sector hidrocarburos y quién sabe qué más pasa en el poder en este momento. No es justo con el país. No es ético y tampoco tolerable.