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Cara a cara

Pedro Rivero Jordán 17/5/2020 03:00

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De entrada y sin ambages debo admitir mis limitaciones en el manejo de las nuevas tecnologías de la comunicación. Unas limitaciones que frente a la computadora inevitablemente hicieron que, a tempranas horas de la mañana de ayer, interrumpiera el sueño plácido de mi querido vástago Pedrito. Refunfuñó al levantarse, pero su auxilio me era indispensable porque no recordaba un último paso de las instrucciones que de él había recibido la noche de la víspera. Necesitaba conectarme, vía ‘skype’, con EL DEBER Radio para mi estreno ‘a distancia’ en el programa sabatino Qué Semana, obligado por el confinamiento y la emergencia sanitaria a raíz del maldito virus que ya nos tiene medio rayados. Una vez establecida la conexión, no confronté ninguna otra dificultad a lo largo del recorrido radial. ¡Primera prueba aprobada con el ‘skype’!, exclamé jubiloso para mis adentros, aunque luego asumí que el mismo contacto lo hubiera logrado mi nieto Juan Diego en un dos por tres y sin despertar a nadie…

También he sorteado otras experiencias digitales como la del ‘Zoom’ que en el ejercicio del ‘teletrabajo’ se ha convertido en soporte principal de las reuniones de coordinación y consulta del área de Redacción del periódico, amén de otros contactos externos. Además de tener que familiarizarme con un nuevo vocabulario para terminar de entender de qué se trata, otro de mis aprendizajes durante este interminable encierro, me ha llevado a identificar rápidamente las ‘fake news’ aunque todavía no me he curado de espanto por los disparates y vulgaridades que fluyen en cascada por el ‘WhatsApp’ y otras plataformas que muchísima gente utiliza como si no tuviera ninguna otra cosa que hacer para aprovechar mejor su tiempo.

Antes de que irrumpiera el coronavirus y de proponerme en serio quemar etapas para adquirir las habilidades necesarias y suficientes que me permitan habitar el nuevo mundo digital post-pandemia, a un querido amigo con dificultades idénticas a las mías le transmití mis angustias. En su reflexión posterior hallé algo de sosiego: Es que generacionalmente hemos sido reacios a estos cambios, me dijo. Le concedí la razón a través de un ‘chat’, lo que no disminuye mi pretensión de convertirme en un coracero de la digitalización.